martes, 5 de febrero de 2013

SATURNALIA

Aubrey Beardsley, "La muerte de Pierrot" (1896)

Como todos los años por estas fechas, viene a visitarnos don Carnal con sus promesas de diversión, de las que estamos tan necesitados en estos tiempos de hecatombe. No obstante cada cual se divierte como puede o sabe, según sean su temperamento o sus capacidades, y todos sabemos que no abundan mucho en estas mascaradas el ingenio y el buen gusto, precisamente.


 Hay excepciones, desde luego, en las que se invierte la tendencia general a la horterada y a la vulgaridad, y don Carnal se pone al servicio de los propósitos del arte, tal como sucede con el Carnaval de Venecia, que se lleva celebrando desde hace siglos en la ciudad de los Dux. Aquí cabría hablar de una suerte de gran representación teatral en la que participa toda la población, siguiendo unos criterios estéticos que corresponden a una época pretérita y aristocrática que, como la propia ciudad del Adriático, se va diluyendo poco a poco entre las aguas del tiempo.

Esta ceremonia se sitúa en las antípodas del carnaval entendido sólo como una válvula de escape para las pulsiones más bajas y primitivas (como sucede en tantos antruejos del rural)o como ejercicio tolerado de sátira social, contra el poder político o eclesiástico, que es lo propio de las mascaradas urbanas desde la Edad Media. Por no hablar  de otras formas más degeneradas y "modernas", que tan de moda se están poniendo en esta época crepuscular.
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Al hilo del Carnaval de Venecia, me ha parecido a propósito traer aquí un par de dibujos del a veces perverso, pero siempre elegante y prodigioso, Aubrey Beardsley (1872-1898) que, como tantas obras suyas, hacen referencia a los personajes de la Commedia del Arte. En el primero vemos a Pierrot (el payaso triste, enamorado de la luna) en su lecho de muerte, mientras el resto de sus compañeros vienen a rendirle un último homenaje, avanzando a hurtadillas, como si el moribundo estuviera tan sólo dormido, y temieran despertarle. El propio Beardsley hizo el siguiente comentario sobre este dibujo:

 "En el crepúsculo Pierrot cayó en su último sueño. Entonces los otros comediantes Arlechino, Pantaleone, il Dottore y Columbina, de puntillas y en silencio subieron las escaleras y amorosamente se llevaron al payaso de Bérgamo, vestido de blanco, nadie sabe a dónde."

La ilustración la realizó Beardsley en 1896, y sólo dos años después fallecía de tuberculosis este artista extraordinario a los 25 años de edad, cuando estaba en la cima de su genio. Sin duda, él mismo se identificaba con Pierrot, pues como él representaba un papel ante la sociedad, el de un artista "decadente" y frívolo, cuando en buena parte de su obra se percibe que había mucho más. El ritmo frenético con el que trabajó durante los últimos años de su vida se debe a que presentía cada vez más cercana su muerte.

La segunda estampa corresponde a "Pierrot´s Library", es del mismo año, y en ella podemos ver de nuevo a Pierrot y a otro comediante transitar con semblante afligido por un paisaje idílico, que ha echado a perder la presencia de unos cables eléctricos (hoy habría que dibujar, además, unas torres eólicas). La imagen rezuma también decadencia, a la vista de que la fealdad va extendiendo su manto por el mundo y no hay quien la pare... una lápida asomando entre las flores certifica el final de la belleza.

Estas ilustraciones me traen al recuerdo un texto del controvertido Vicente Risco, ese escritor gallego tan interesante y tan denostado por los que ni siquiera lo han leido. Me refiero al penúltimo capítulo de su obra "Mitología Cristiana"(1963) , donde habla de la muerte de Pierrot en unos términos que me hacen pensar que tenía muy presente el dibujo de Beardsley. Viene a decir Risco que Pierrot encarna el espíritu de "Fin de siglo" (se refería naturalmente al del siglo XIX, a los artistas simbolistas y decadentes). Según él, estos artistas habían presagiado con lucidez el acabamiento de todo lo que daba sentido a la vida, es decir el arte y la belleza.

Risco, en su pesimismo aristocrático, que podemos compartir con él o no, aporta algunas ideas originales y sugerentes (que anticipan muchos de los temas tratados más tarde por la intellectualité posmoderna) acerca de los mitos y su poder sobre el inconsciente colectivo, siguiendo el pensamiento de C.G.Jung. Por ejemplo, llega a decir que Pierrot fue "asesinado" durante el Carnaval ( o más bien carnicería) de entre 1914 y 1918. Y que fue reemplazado por el Arlequín, el nuevo mito que corresponde al siglo XX, época a la que él llama "el ensayo general del Apocalipsis".


Aubrey Beardsley ,"Pierrot´s Library"(1896)

 Arlequín es el antagonista de Pierrot, un comediante maligno y embaucador, muy presente en la obra de Cézanne, Picasso y los cubistas. Según Risco, es el inspirador de todos los malabarismos y todas las arlequinadas que se suceden a partir de las vanguardias en el arte contemporáneo. Un personaje que es un Mito y es un Símbolo, y que tras su disfraz  esconde el triunfo de lo diabólico en la cultura occidental.
Acerca del pensamiento de Risco se puede discutir mucho, y no quiero meterme en jardines religiosos o políticos. Lo que nadie podrá negarle al escritor orensano es su gran bagaje intelectual, sus amplios conocimientos artísticos y literarios o en materia de filosofía y antropología, muy por encima  de otros autores más reputados y reivindicados. Era, en particular, un experto en Mitos.

Además, hay que coincidir con él en que el arte moderno tras la Primera Guerra Mundial, salvo algunas excepciones, ha ido de mal en peor. Y que, incluso los artistas más interesantes, desde entonces manifiestan una incapacidad cada vez mayor para evocar lo bello. Por otra parte, admito que no todo el arte del período que admira Risco (el Fin de siglo) me llega a convencer. Hay mucha "pose",  languidez , sensiblería y amaneramiento en el estilo de algunos de estos autores,  que hoy nos resulta artificioso y blandengue. Pero, al menos, les movía una búsqueda genuina de la belleza, que ellos identificaban a menudo con lo femenino y lo telúrico, y un deseo de que el arte respondiera a algún tipo de espiritualidad. Y como bien apunta Risco, hay destellos de lucidez en algunos artistas y en sus realizaciones de aquel entonces, que se echan de menos en el arte de vanguardia que llegó después. Algunos eran "decadentes" porque habían detectado la decadencia en el mundo que les tocó vivir, y asumieron un estilo de vida en consecuencia, para llamar la atención de sus contemporáneos, para que pusieran remedio a ese mal. En el caso de Beardsley, a veces llegó a burlarse en sus dibujos de la pose afectada de los decadentes, y se deja ver que no era tan frívolo como aparentaba ser.

El actual callejón sin salida en el que ha derivado el arte contemporáneo empezó a gestarse precisamente con el cubismo y el dadaísmo, cuando se necesitó explicar las obras con una argumentación cada vez más enrevesada (y embaucadora, como el Arlequín de Risco), hasta el punto de que fueron los críticos y los forjadores de teorías, al decir de Tom Wolfe, los verdaderos protagonistas del arte del siglo XX, y no los artistas que se limitaban a "ilustrar" sus elucubraciones.

Y de que el "arte contemporáneo" desprende un olor a azufre cada vez más intenso no cabe la menor duda (y hay ejemplos suficientes citados en este blog). Si se dirige hacia alguna parte, cosa que muchos ponen en duda, tal vez sea hacia las calderas de Pedro Botero. Por eso está bien leer a Risco, porque después de hacerlo veremos con otros ojos a los personajes del Carnaval, veremos lo que se oculta tras sus disfraces. A lo mejor Pierrot ya no nos resulte tan lánguido y tan soso, ...ni Arlequín tan simpático e inofensivo.

Imagen de "Pierrot of Minute"(1897) con los rasgos demacrados de Beardsley, que prodría tomarse como un autorretrato



A continuación os ofrecemos íntegro el capítulo de Vicente Risco aludido en esta entrada,en formato PDF:https://sites.google.com/site/ruizmorenoignacio/pierrot/pierrot.pdf


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