viernes, 23 de noviembre de 2018

LA HORA DE LOS DESTRUCTORES

Caracas, 2004
Por lo visto, está de moda derribar estatuas. Los nuevos bárbaros, descendientes de los indígenas o  presuntos tales, bailan la danza de la lluvia y aullan mientras masacran en efigie al Gran Jefe Blanco Cristóbal Colón. Al odiado genocida que desembarcó un día con tres carabelas en el paraíso de los indios caribes y los bondadosos  mayas, aztecas e incas para esclavizarlos a todos y llevarse la platita. O esa es la versión que nos dan de la epopeya hispana en América los progretas y sus secuaces indigenistas, bolivarianos y comunistoides. Empezaron en Caracas los responsables chavistas del actual genocidio por hambre y el éxodo del pueblo venezolano, esos mismos que  se proclaman herederos del francmasón Simón Bolivar (un traidor a su patria hispana al servicio de la oligarquía anglosajona y un esclavista que, por cierto, tiene muchos monumentos en su honor en la "Madre Patria"; habría que mirar qué hacemos con ellos). Y siguió el gobierno corrupto de Fernández de Kirchner, el cual se subió al carro de las protestas contra el Descubrimiento y a favor del Día de los "Pueblos Indígenas", en un ejercicio de hipocresía muy argentino, mientras que las comunidades indias de su país permanecían y permanecen en la exclusión e ignoradas por las leyes y el código civil. Y tenemos por último a los revisionistas californianos, paladines de lo "políticamente correcto", que no han querido dejar de contibuir con su granito de arena  a esta campaña "liberadora", llevándose por delante otra estatua del Almirante de la Mar Océana, esta vez en Los Ángeles, ciudad fundada por los españoles en 1781. 
Y seguirán más, ya que el cacique cocalero Evo Morales  está pensando en demoler la que tiene en La Paz. Y  la alcaldesa okupa Inmakulada Kolakau seguro que aspira a hacer lo propio con la de Barcelona, si la dejan.


Buenos Aires, 2014
Como ya dijimos en una entrada anterior, esta furia hispanófoba  e iconoclasta no se limita sólo a las estatuas de Colón, sino que se extiende a las de los conquistadores en general, como Francisco Pizarro. http://morenoruizignacio.blogspot.com/2018/07/charles-cary-rumsey-el-escultor.html
Incluso un santo varón como Fray Junípero Serra, máximo exponente de defensor de los indios, ha sufrido ataques por parte de los civilizadísimos vándalos norteamericanos. Su estatua de la misión de Santa Bárbara en California apareció decapitada y embadurnada de pintura roja el año pasado.
En el tema este de Los Ángeles en particular y de los USA en general confluyen varios factores a tener en cuenta. Hay que considerar que todo responde a un plan perfectamente coordinado de acciones vandálicas (en nombre del antirracismo por lo general) y decisiones tomadas por las distintas administraciones políticas (en manos del partido demócrata casi siempre).
Por ejemplo, el promotor de retirar la estatua de Colón ha sido un concejal demócrata que dice tener ascendencia india wyandota (etnia en cuya desaparición nada tuvimos que ver los españoles) aunque su apellido sea O'Farrell. El propio Obama se puede decir que alentó estas acciones vandálicas mientras estuvo en la presidencia, y enconó los ánimos de los  revisionistas antiblancos al darles alas retirando la estatua del general Lee en Charlottesville y los símbolos confederados. Estas acciones, cuya semejanza con la Ley de Memoria Histórica que se viene aplicando en España desde Zapatero no se le escapa a nadie, fueron el detonante para que empezaran a manchar de pintura y a descabezar estatuas de Cristóbal Colón y otros. Por ejemplo, la estatua del Descubridor situada en el parque de Yonkers (cerca del Bronx) apareció con las manos pintadas de rojo, y otro monumento en el Central Park de Baltimore fue atacado con un mazo por un "indignado". Otro más, esta vez en Providence (puerto principal de la trata de esclavos africanos por parte de los puritanos yankis, conviene señalar) fue bañado en pintura, apareciendo además inscripciones con la hoz y el martillo.
A todo esto han seguido decisiones y campañas por parte de las instituciones como la Universidad de Standford, de eliminar el nombre de Fray Junípero Serra de las calles y edificios del campus. O la reedición del libro del historiador jázaro, por supuesto, Howard Zinn "Una historia del pueblo de EEUU" (libro de cabecera de los progres) donde se explica que los misioneros españoles se dedicaban al exterminio sistemático de los indios. O la supresión del Columbus Day en numerosos condados y ciudades norteamericanas O la propaganda antiespañola de Netflix con programas como los del histrión John Leguizamo. Y, por último, la guinda del pastel: la retirada de estatuas al más puro estilo narcobolivariano por parte de ayuntamientos  como el de Los Ángeles. 


San Junípero Serra decapitado en California, 2017

Ante esta sucesión de ultrajes, no hace falta ni decirlo, ha habido muy escasa o nula reacción por parte del gobierno español, cada vez más ninguneado dentro y fuera de la Unión Europea. Ya la cosa pintaba mal con Rajoy, pero mucho peor ahora que Sánchez, el hombre de Soros, okupa la Moncloa y la política española se va haciendo cada vez más rufianesca. Tan sólo los italianos han protestado por lo que consideran un agravio causado a uno de sus más ilustres compatriotas.
Habrá que estar atentos a la jugada con lo que está pasando. En los USA se manipula mucho la ignorancia de la gente, y como dice la historiadora Elvira Roca, existe una confluencia de intereses entre los progres de Clinton-Obama y algunos conservadores del sector WASP (anglosajón y protestante) que han respaldado a Trump, y que quieren presentar a los españoles como chivos expiatorios para desresponsabilizarse ellos mismos de haber traído la esclavitud a Norteamérica y haber liquidado a los indígenas. En eso tuvieron que ver, mucho más que Colón, personajes de la talla de George Washington, Thomas Jefferson, Benjamin Franklin y otros distinguidos masones, partidarios acérrimos de la esclavitud y del exterminio de los "salvajes". La masonería americana (a la que pertenecían paladines como Simón Bolívar y San Martín en su versión sudaca, volvemos a recordarlo) fue la inspiradora del Klu Klux Klan, además de otros productos típicamente américanos como el mormonismo, el luciferismo (Albert Pike, grado 33) o el adventismo milenarista (los"testigos de Jehová", para entendernos).
El Klan desató una campaña en su día (la primera) contra las estatuas de Colón cuando estas empezaron a erigirse con motivo del IV Centenario. Las razones esgrimidas por los de las sábanas blancas fueron que se trataba de un "sucio italiano" y un "papista". En la actualidad, sin embargo, no me consta que haya habido declaraciones públicas de dirigentes o ex-dirigentes del Klan (como David Duke) a favor del derribo de las imágenes de Colón. Y Donald Trump en todo caso ha apoyado la celebración del Columbus Day, aunque eso sí vinculándolo a la población italoamericana. Pero lo que está claro es que el protagonismo cada vez mayor de los hispanos y de su cultura en los USA se ve también como una amenaza  por parte de los WASP de pura cepa, y manejar esta clase de rencores desatados por la izquierda en su beneficio puede venirles como miel sobre hojuelas.
Desde aquí seguiremos denunciando a los vándalos incultos y a los listillos poderosos que los manipulan.
PLUS ULTRA, "existe tierra más allá".

Los Ángeles, 2018

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