jueves, 28 de septiembre de 2017

LOS DESGARRADOS CRISTOS DE PRIETO COUSSENT

Cristo en la Cruz  (1944-48) Recreación por ordenador de una foto en blanco y negro

“Realizando esa obra sudé sangre.  Lloré y sangré con el alma y muchas veces pinté arrodillado. En cada pincelada , en cada sombra, hay una gota de mi propia sangre y mi sudor de esclavo sometido al yugo del amor y el esfuerzo. Mi Cristo es también mi calvario, y acaso mi gloria”
Benito Prieto Coussent (Discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes Nuestra Señora de las Angustias de Granada, 1983)

 Haber estado a punto de morir fusilado al comienzo de la guerra civil, y haber salvado la vida  gracias, entre otras cosas, a la hospitalidad que le brindaron los monjes capuchinos del monasterio de Guadalupe, fue algo que tuvo que marcar para siempre la vida del artista Benito Prieto Coussent. Sabemos que poco después de acabada la guerra contrajo matrimonio con una granadina, y se fue a vivir con ella a su pueblo natal, El Padul. Allí transformó un viejo almacén familiar en su estudio de pintura e inició una nueva etapa de aislamiento e introspección, consagrada al que sería el gran proyecto de su vida.
Coussent estudiando una máscara funeraria (c. 1940)

Coussent era hijo de un fotógrafo establecido en Ribadeo, y de él heredó su predilección por el realismo, por los juegos de luces y sombras que se pueden apreciar en su pintura, calificada por los críticos como trágica y "tremendista".
Ya en su época como docente en Tuy, se advertía ese compromiso del artista con la cruda realidad, sin los filtros que suelen imponer los convencionalismos culturales imperantes; actitud que nos puede recordar no poco a la de su otro contemporáneo, el artista alemán Otto Dix.
Un alumno suyo del instituto de Tuy, Pedro Díaz Álvarez, comentaba lo siguiente sobre su profesor de dibujo: "Para nosotros en aquel tiempo venía a ser algo así como un artista del Renacimiento. Sabía de anatomía más que un médico, y en sus dibujos no se le escapaba ni una arteria digital. Su primera lección consistió en romper, con rabia y con razón, láminas con amanerados perfiles clásicos. ¡Esto es una mierda! Desde mañana dibujaréis las hojas muertas del otoño. ¿Sabéis? Las más hermosas y cromáticas son las de los nísperos... Y así aprendimos botánica y a dibujar del natural."




Bocetos para el Cristo en la Cruz

Tras la segunda condena (simbólica) a muerte de Sócrates, arrojado su busto a las profundidades del río Miño, naufragaron también los sueños de renovación pedagógica de Prieto Coussent, y se operó un cambio en su temperamento artístico, que le llevó a indagar en el alma profunda de las personas y las cosas. Esto se vislumbraba ya en la serie de retratos que hizo a sus compañeros de celda, mientras esparaban la muerte ante un pelotón de fusilamiento. En sus rostros se expresaba la tragedia y el sufrimiento de los condenados, con una visión que refleja el sincero humanismo cristiano del artista.
Al trasladarse a tierras granadinas le iba a poseer una gran obsesión: pintar una visión inédita y personal del Cristo crucificado, algo que se aproximara lo más fielmente posible a la imagen "real" de lo que debió ser, cruda y terrible, y que rompiese con la iconografía tradicional al uso. En alguna ocasión, el propio Prieto Coussent hablaba de un recuerdo de su infancia que se había vuelto imborrable, la visión de los cuerpos muertos de los marineros ahogados en la costa de Ribadeo. En cierto modo su Cristo debería de servir como figura expiatoria del sufrimiento humano.
Para este proyecto realizó muchas lecturas,  investigó en muchas fuentes arqueológicas (aunque curiosamente no tuvo demasiado en cuenta la Síndone de Turín, cuyos negativos fotográficos se obtuvieron en 1898) estudió la antropomorfología y la anatomía forense, consultó a eminentes teólogos como al padre Juan Leal. Según sus propias palabras: "Tuve que quedar sólo como en un páramo para liberarme de la influencia de todas las pinturas y todas las versiones".

Sin embargo, es inevitable establecer un paralelismo entre los resultados a los que llegaría Prieto Coussent, y ciertas representaciones de finales de la Edad Media, como el espectacular Cristo de Colmar de Mathias Grünewald, que ya hemos comentado en otras ocasiones en este mismo blog:
http://morenoruizignacio.blogspot.com.es/2013/04/album-insolito-de-semana-santa-ilia.html


"Cristoc rucificado" o Segundo Cristo (1951) 

Realizó infinidad de bocetos, destruyó muchos de ellos con una actitud inconformista, y trabajó con modelos vivos y con modelos muertos, suministrados estos últimos por el doctor Guirao del Hospital de San Juan de Dios. Algunos del pueblo que habían colaborado con él empezaron a difundir rumores sobre el extraño pintor y la extraña pintura en la que andaba ocupado, y eso contribuyó a acrecentar su fama de "bicho raro" y a alarmar a las autoridades religiosas. El párroco de El Padul se enteró de que Prieto Coussent estaba representando a un Cristo colgado, y no clavado, en dos simples palos de madera, y no en una magnífica cruz de ebanista. Un Cristo cadavérico, sanguinolento y terrible, totalmente destrozado, que contrastaba con las piadosas pinturas que él conocía..."Blasfematorio y carente de toda divinidad", según diría más tarde.
Tanto es así que, para disuadir al artista, el cura  le envió una carta en estos términos: “Don Benito, le ruego suspenda su Cristo; ocasiona escándalo, adolece del más puro materialismo”. A la que el artista contestó con otra misiva: “He leído con gran dolor su carta y le digo que seguiré pintando mí Cristo. O mi Cristo sale triunfante por las puertas de mi estudio, o yo salgo con los pies por delante y usted, detrás, cantándome el “gorigori".
Ante esto, se inició en la parroquia de El Padul una cruzada contra el cuadro, organizando el cura trisagios para que este fracasara y por la salvación del alma del pintor. El apoyo de Antonia Rejón, su mujer, en esos momentos fue decisivo, para que Coussent no abandonara el proyecto. Enterada la diócesis de lo que pasaba, el pintor  fue convocado a presentarse ante un tribunal de teólogos y consultores, presidido por el cardenal don Agustín Parrado García, para que explicase o defendiese su cuadro.Finalmente, y para sorpresa de todos, y sobre todo del propio Prieto Coussent que estaba siendo sometido a aquella especie de proceso inquisitorial, el cardenal exclamó tras ojear uno de los bosquejos a carboncillo del Cristo, que se había presentado como prueba acusatoria: "Este hombre está iluminado por Dios". La Iglesia daba luz verde al artista para que pintara su cuadro.                                       
Pero eso no significó que a Prieto Coussent cesaran de atormentarle sus dudas y vacilaciones. Una vez terminado el cuadro, lo arrojó por la ventana de su estudio en un acceso de rabia, insatisfecho con el resultado final. Fue de nuevo su esposa quien lo rescató, aprovechando una ausencia de su marido, y gracias a eso pudo ser presentado a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1948, donde produjo un enorme impacto social y suscitó una gran controversia en la crítica nacional e internacional. Pero fueron más las críticas favorables que las contrarias. El propio Generalísimo lo pudo ver, en compañía del director general de Bellas Artes, el marqués de Lozoya, y dicen que permaneció absorto durante largo rato para terminar, en un gesto de admiración insólito en el Caudillo, con los brazos y los puños en alto. Prieto Coussent obtuvo la tercera medalla, pero el artista renunció al premio para mantener la propiedad sobre su obra.


 
 "Cristo de la Paz" o Tercer Cristo (1954) Óleo y técnica mixta
 
Ese mismo año fue expuesto el Cristo en las Galerías Layetanas de Barcelona, acompañado de sus bocetos y de otros cuadros de Zurbarán, Berruguete, Luis de Morales y Juan de Flandes. Ya se conectaba su estilo apasionado y rotundo con la mejor tradición de la pintura española. Se formaron largas colas de visitantes, y la visión de la obra allí tampoco dejó indiferente a nadie, sobre todo a Salvador Dalí, antiguo compañero de Prieto Coussent en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, quien al ver el cuadro exclamó: "Este Cristo... El torso pudo haberlo pintado Velázquez, los paños Zurbarán. este cuadro es un cheque en blanco".
Según dicen, el catalán quería llegar a un acuerdo con el gallego, para exponer juntos en los Estados Unidos. Coussent debería pintar varios Cristos como ese, y Dalí se encargaría de rematar los fondos y de venderlos allí. Decía el genio de Cadaqués que ambos ganarían una fortuna, pero Prieto Cousset se negó a aceptar ese extraño acuerdo, advertido por otros de los pocos escrúpulos que tenía Dalí a la hora de apropiarse de la autoría de obras ajenas, toda vez que Prieto Coussent nunca firmaba sus cuadros.Parece ser que a Dalí le enfadó mucho la respuesta, y le dijo: "Yo te he hablado de un genio a otro genio, y tú me habals de un pintor a un marchante. Si crees que te hice la propuesta porque no sé pintar un Cristo crucificado, te demostraré lo equivocado que estás." Pocos años después pintaría su "Cristo de San Juan de la Cruz", como muestra de esta rivalidad entre los dos grandes artistas.


"Cristo de Kennedy" o Cuarto Cristo (1963)

 El cuadro de Prieto Coussent fue finalmente adquirido por un armador de Barcelona, y hoy pertenece a una colección particular.  Está considerado por los críticos como una de las piezas capitales de la iconografía religiosa y como la obra de arte religioso más importante del siglo XX.
 Más tarde realizaría otras tres versiones más del Cristo, la de 1951 de cuatro metros de altura aún más impactante y exacerbada que la primera, fue destruida por el pintor, aunque reconstruida años después.
La tercera, llamada también el "Cristo de la Paz", introduce importantes variaciones, siendo de formato horizontal. A ambos lados del Crucificado aparecen dos representaciones medievales de la Muerte, portando sendas imágenes de las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Todo un símbolo del espanto de la humanidad que crea su propia destrucción. Hoy en día se desconoce el paradero de esta obra.

"El Mendigo" (1964) Técnica mixta

La última versión de 1963, el llamado "Cristo de Kennedy" fue un homenaje al presidente católico norteamericano, asesinado en extrañas circunstancias. A los pies del Crucificado  aparece una revista de la época con la fotografía de Kennedy en actitud orante. Esta obra se conserva en la actualidad en la biblioteca-museo Kennedy de la Universidad de Harvard (USA).
A Prieto Coussent José García Román lo llamó "el pintor de la soledad reflexiva" y se le consideró como un "creador de fuerzas". Aunque no fuera un artista que dejara una obra muy  prolífica, debido a su enorme autoexigencia e inconformismo que le llevaba a hacer, rehacer y destruir muchos de sus trabajos, lo cierto es que en todo lo que dibujaba o pintaba, ya fueran sus retratos al carboncillo o bodegones con los utensilios más modestos, irradiaba una energía especial, nada común.


"Antonio Bienvenida, matador de toros" (1966)
"El torero gitano" (1969)


En la población granadina de El Padul, donde vivió tantos años, trabó amistad con algunos personajes de la vida social de allí, a los que retrató con gran profundidad psicológica. Se hizo gran amigo del pintor Gabriel Morcillo, al cual admiraba, y que es autor de un famoso retrato del general Franco. Son especialmente destacables sus retratos al carboncillo de toreros, como el de Antonio Bienvenida o "El Cordobés". También pintó a Gregorio Marañón, a Antonio Vallejo Nájera y a Ramón Menéndez Pidal, entre otros... Pero también representó a personajes humildes y anónimos como "El Mendigo" de 1964.
Uno de sus cuadros más importantes lo dedicó al Padre Damián, el misionero que trabajó en la isla Molokai, en el archipiélago de las Hawai, atendiendo a los enfermos. Fue llamado por ello el "apóstol de los leprosos", y murió tras haber contraído él mismo la lepra. El cuadro, nada edulcorado y en la línea del mejor Prieto Coussent, nos muestra con todo realismo al personaje, pero sabe captar también su hondura humana con gran maestría. El artista era capaz de llegar al misticismo por la vía del realismo más crudo, aunque esto pueda sonar paradójico. Esta obra fue cedida por el artista a la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada.


"Padre Damián" (1969-70) Técnica mixta sobre estopa




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