viernes, 27 de septiembre de 2013

EL RETORNO DEL DIOS PAN (1)

 "Las figuras de faunos, sátiros y egipanes bailaron ante su vista; la oscuridad de la maleza, las danzas de la cima de la montaña, las escenas junto a las riberas solitarias, en verdes viñedos, junto a rocas o en lugares desiertos y desolados pasaron ante él. Mundo ante el cual el alma humana retrocede y se espanta."
                     (Arthur Machen, "El Gran Dios Pan")

Portada de Aubrey Beardsley para "El Gran Dios Pan"de Machen (1894)

  Refiere Plutarco en su obra "Sobre la destrucción de los oráculos" que,en tiempos de Tiberio, un marino llamado Tamus oyó que gritaban "¡El dios Pan ha muerto!" cuando navegaba cerca de la isla de Paxi. Casi cien años después, Pausanias testificaba que el culto a Pan todavía perduraba en algunos lugares de Grecia. Muchos siglos después, Nietzsche menciona el episodio al comienzo de "El Nacimiento de la Tragedia", y la frase inspiró su famoso certificado de defunción:"Dios ha muerto". Muchos pensaron que el declinar del judeocristianismo traería un renacer de las deidades paganas, el propio Nietzsche simpatizaba con Dionysos (un dios asociado a Pan) y coincidiendo con las corrientes esteticistas y simbolistas, surgieron en Inglaterra, Francia y Alemania sociedades secretas de inspiración pagana.¿Habían resurgido en realidad los antiguos dioses, y entre ellos el Gran Pan? ¿O las mismas tendencias modernas que habían liquidado al Dios bíblico acabaron definitivamente con todos ellos?



Máscara del dios Pan (siglo I d. C.) Museo de Córdoba

Una deidad pastoril
PAN , el dios (o "demonio") campestre y semicabro, es una de las figuras más desconcertantes del antiguo panteón heleno. Sus orígenes fueron muy remotos y humildes, como deidad ancestral de los campesinos de Arcadia, aunque se le haya emparentado con el Mendes de los egipcios (el carnero Bes), uno de los "ocho primeros dioses", y con el Tammuz babilonio. También se le parecen algunos dioses astados, como el celta Cernunnos, el poderoso señor de la naturaleza y la virilidad.
Hasta el siglo VII a. de C. apenas es importante, y las teogonías ni siquiera se ocupan de él pero, según Heródoto, tras la victoria de Maratón los atenienses le levantaron un santuario en la Acrópolis en agradecimiento por haber sembrado el "pánico" entre los persas. A partir de entonces su culto se propagó por el mundo griego, llegando a Italia, donde se le confundió con el rey divinizado Fauno (también semicabro), protector del ganado contra los lobos, por lo que se le conocía como "lupercus" (las fiestas lupercales se celebraban en su honor).

Representaciones de Pan de la antigua Grecia
 

Pan vivió siempre al margen de los esplendores del Olimpo, en los montes escarpados, en las cuevas o en lo umbrío de los bosques, y era reverenciado como espíritu vital de la naturaleza y la fecundidad por los pastores, que le sacrificaban corderos, y por los labradores, que le ofrecían las primicias de sus cosechas. Les acompañaba en sus fiestas, enseñándoles a brincar y a tocar la zampoña o "flauta de Pan".
Pero también se le temía y tenía fama de terrible, sobre todo cuando alguien osaba interrumpir su siesta. Se le llamaba "demonium meridianum" porque era el inductor de las pesadillas, pero también de los sueños premonitorios. A veces, el dios se  divertía apareciendo de modo inesperado a los caminantes en las encrucijadas, asustándolos con un látigo. Y un detalle significativo, se creía que su visión espantosa provocaba en los humanos la locura. La palabra "terror pánico" procede de él, y en principio se aplicaba al miedo repentino que se apoderaba del ganado en los campos, cuando retumbaba algún ruido desconocido, que se atribuía casi siempre a Pan, el muy cabroncete.

Pan enseña a Dafnis a tocar la zanfoña (s.I a. de C.)

Cuando los autores helenos empezaron a ocuparse de él le inventaron diversas genealogías, considerándolo en algunos casos hijo de Hermes y una ninfa, o de Penélope y Júpiter, Hermes o todos sus amantes (lo que explicaría que algunos le atribuyeran naturaleza mortal). Su aspecto monstruoso espantaba a las ninfas, al mismo tiempo que despertaba la hilaridad de los otros dioses. Siempre que Pan perseguía a alguna ninfa, aquellos le hacían una jugarreta para frustrar sus amoríos: a Sírinx la transformaron en un junco (y con sus tallos el dios fabricó la flauta de siete tubos o zampoña, a la que arrancaba sonidos lastimeros) ; y a Pitis la convirtieron en un pino, árbol consagrado desde entonces a Pan.
Antagonista de Pan fue Apolo, con quien rivalizó como  protector de la Música, tañendo Apolo la lira mientras que el dios caprino hacía sonar la sensual zanfoña. La única deidad olímpica con la que trabó amistad fue Dionysos, con quien marchó a la conquista de la India sirviéndole de estratega (a Pan se atribuye la invención de las falanges). Sin embargo, hay quien insinúa que esa campaña consistió en una serie sin fin de francachelas y orgías. No en vano, Dionysos era el dios del vino, y en su cortejo nunca faltaban las ninfas, nereidas, su amigo Pan y toda su progenie de sátiros, silenos, egipanes, silvanos y faunos.


Sátiro persiguiendo a una bacante. Vaso griego, siglo V a. de C.

Fauno Barberini (siglo III-I a.de C.?)



Los sátiros podían ser semicabros o casi completamente humanos, mientras que los faunos tenían invariablemente patas de chivo. A todos ellos se les tenía por irreverentes y poseedores de una gran astucia, a menudo maligna, lo que podría explicar una de las posibles etimologías del vocablo "satírico". Se decía de Sócrates, famoso por sus agudezas, que tenía aspecto de sátiro o sileno.
Estos semidioses campestres, al igual que Pan, eran a menudo celebrados por el vulgo como unos seres joviales y festivos, que favorecían la fertilidad y simbolizaban la afirmación (a veces brutal) de los instintos. Artistas como Praxíteles, en su Anapauomenos, representan a los sátiros como jóvenes agraciados, a los que sólo delatan un par de protuberancias en la frente .Pero a medida que se afianzaban los ideales clásicos de armonía y belleza,  la excesiva promiscuidad y desenfreno con el que se conducían estos seres producían desagrado, y a veces se les veía como criaturas ridículas o repugnantes, una expresión del predominio de las pulsiones bestiales en el ser humano. En algunos vasos pintados y  esculturas (sobre todo del helenismo) aparecen con un priapismo insaciable, copulando con todo bicho viviente, como la famosa pieza que ha producido escándalo en una exposición reciente en Londres.http://www.revistaenie.clarin.com/arte/estatua-Pan-alborota-muestra-Londres_0_891510992.html
En la época helenística eran habituales estas figuraciones grotescas, unas veces como reacción estética frente a la estatuaria clásica, y otras como expresión de alguna enseñanza secreta, como veremos cuando hablemos del orfismo.

Fauno danzante (Pompeya)
"Anapauomenos"  Praxíteles (s. IV a. C:)



El Gran Dios Pan
En la época helenística, coincidiendo con la máxima difusión del culto a Pan, se produce una curiosa transmutación de este humilde dios rústico en señor del universo y la materia. Por influjo del sincretismo alejandrino, que lo identificaba con  Mendes, reencarnación de Osiris y representación de los elementos, el orfismo asimila "pan" (todo) a "el todo" y le convierte en deidad panteista y omnipotente, reflejo del Protogonos. Es el "demiurgo" o daemonium generador, es Inos, símbolo de la naturaleza dual, superior e inferior.
 Porfirio dice que a Pan le hicieron símbolo del universo, siendo los cuernos emblema del sol y la luna; la piel velluda de las estrellas o la vegetación, etc. Cornuto habla del Júpiter-Pan y de la energía espermática de la naturaleza, y Macrobio en Saturnaliorum lo llama "señor de la materia universal". Los órficos no lo convierten en objeto de sus ritos, pero sí lo invocan en los himnos. Parte de estas enseñanzas serán recogidas luego por los gnósticos.
Por otra parte,a través de los estoicos, el método alegórico pasó al judaísmo helenista, que se sirvió de él para interpretar las Escrituras, lo mismo que los exégetas y apologistas cristianos unos siglos después. De ahí el empleo de la mitología pagana (y de Pan) como alegoría de enseñanzas cristianas que veremos más tarde en el Renacimiento.
En la época alejandrina se inicia también la poesía pastoril o bucólica, de la mano de Teócrito, que tendrá como marco la Arcadia, la morada del dios Pan. Este género será más tarde cultivado por los poetas romanos Polibio, Virgilio y Ovidio, y gozará de cierto predicamento a comienzos del Imperio.En las "Bucólicas" Virgilio presenta la Arcadia como un lugar idílico de felicidad perfecta, un sueño epicúreo donde no aparece ni rastro de la inquietante presencia de Pan  y de sus sátiros. Ovidio sí que habla de él en sus "Metamorfosis", y ofrece una  imagen mucho menos idealizada de la vida campestre.

Pan, copia romana de Heliodoro de Rodas (s.II)

Atributos de Pan  (Athanasius Kircher,1652)



El paganismo subterráneo.
Los antiguos creían en la existencia real y tangible de estos seres, como ocurría en general con todas las criaturas mitológicas (centauros, sirenas,  tritones), pero en el caso de los sátiros esta creencia viene atestiguada por documentos de prestigiosas fuentes. Plutarco cuenta que los legionarios de Sila capturaron una vez uno de estos semidioses en las montañas de Tesalia y se lo llevaron a su campamento, y hemos mencionado ya la noticia sobre la muerte del dios Pan, que motivó que  el emperador Tiberio ordenase una investigación para esclarecer si era cierta. A san Antonio Abad se le atribuye la conversión del sátiro Legado, etc. Puede que esta creencia en su existencia se viera reforzada por la maestría de los escultores antiguos, que los representaban con un gran naturalismo.
Pero  con el triunfo de la fe cristiana,  la Iglesia anatematiza a estas criaturas, ya sea por su aspecto monstruoso o por su relación con la lujuria, y las considera demoníacas. Aunque la mayoría de los doctores de la Iglesia veían como cosa diabólica a los antiguos dioses en general, se cebaron especialmente con Pan y los sátiros. San Agustín por ejemplo los identifica con los íncubos y los súcubos. Eusebio se refiere a Pan llamándolo "demonio", tal vez en recuerdo de la importancia que adquirió su figura en el paganismo tardío. Y su imagen acabará sirviendo para componer la iconografía del Diablo medieval.  Curiosamente, la malignidad que expresan algunas figuras de la época pagana (sobre todo del helenismo) resulta mucho más perturbadora que estas representaciones medievales del demonio, que por lo general nos parecen  muy ingenuas e irrisorias.
 Pan tuvo una supervivencia ignominiosa en el Baphomet, que según sus detractores adoraban los templarios. También a estos caballeros se les acusaba de licenciosos y aficionados al vino. Y la huella del dios pagano también se reconoce en el Macho Cabrío Akerbeltz de los aquelarres de las brujas.
Otros miembros de la Iglesia, sin embargo, se esforzaron en conciliar en lo posible paganismo y cristianismo, transformando las deidades en santos (san Nicolás, por ejemplo, sustituyó al dios Cernunnos y en Cornualles todavía en la Edad Media se le representaba con cuernos), y cristianizando las festividades paganas (las lupercales pasan a ser el carnaval, y se integran en el ciclo de la cuaresma). Así se produce una curiosa dicotomía, entre la opinión de los teólogos, quienes desconfiaban por lo general del campesinado y del paganismo, y la del clero que estaba más en contacto con la religiosidad popular.



Sátiro bizantino (Libia, siglo V)

Representación del dios Pan

Muerte y ¿renacimiento? de Pan
En el crepúsculo de la Edad Media,  cuando quedó atrás el terror por el año mil, Petrarca y otros autores recuperaron los temas bucólicos a la manera de Virgilio, y vieron en Arcadia y la Edad de Oro una vía de escape ante las guerras, la peste y el oscurantismo monacal. Boccaccio, autor de la Geneologia Deorum Gentilium, recupera los temas mitológicos, pero no para refutar los "errores" del paganismo, al modo de la poesía medieval cristiana, sino como recurso retórico y fuente de alegorías. Por ejemplo, sienta las bases del convencionalismo por el cual las deidades se convierten en conceptos atributivos, símiles de cualidades. Así  Dios es Júpiter y Cristo es Pan. Más tarde esta curiosa identificación también aparecerá en los escritos del inglés Edmund Spenser y del satírico francés Rabelais, quien considera  a Pan como una alegoría del Buen Pastor. Hablando de este último escritor, ¿es casualidad que bautizara como Pan-tagruel a uno de sus principales personajes, y como Pan-urgo a su compañero de juergas?
Una nueva cultura, de corte laico, humanista y antropocéntrico, se va abriendo paso, irradiando desde Italia, y en contraposición con la teocracia imperante en el medievo. Se vuelve los ojos hacia el paganismo exaltando la alegría de vivir hasta sus últimas consecuencias. Rabelais es un ejemplo, destacando por afirmar el "vivez joyeux" y el "haz lo que quieras", hasta extremos delirantes y procaces en muchos casos. Pietro Aretino es otro conocido autor epicúreo y libertino, amigo de Tiziano, y del que se dice que murió  literalmente de un ataque de risa. A veces Pan lleva a sus secuaces por derroteros que conducen a la locura.

François Rabelais
Grutesco del Palacio de los Uffizi (Florencia)

Esta fascinación por todo lo pagano, justificado por el alegorismo del que ya hablamos, sienta su real en la Academia florentina de los Medici, donde los filósofos neoplatónicos Ficino y della Mirandola, ante el colapso de la escolástica, pretenden ofrecer una visión universal del cristianismo a la luz de Platón. Se aplican al estudio de la mitología y de las religiones comparadas por un afán de sincretismo, indagando en la "prisca theologia", como haría más tarde el jesuita Athanasius Kircher. A la vez que crecía el interés por estudiar la naturaleza desde una perspectiva científica, los neoplatónicos por su parte tenían de ella una concepción mística, como si se tratara de un velo que era necesario traspasar para alcanzar los fulgores del espíritu y la Belleza. De ahí que el método simbólico y alegórico presente en la obra de Botticelli, Piero di Cosimo o Luca Signorelli, haya que interpretarlo como  una plasmación de esta metafísica medicea.
"La Educación de Pan" de Signorelli, cuadro que se conservaba en el Kaiser Friedrich Museum de Berlín hasta que en 1945 los bombardeos aliados lo destruyeron, se puede considerar un programa alegórico donde se representa ese universo divinamente vivo de los neoplatónicos (inspirado en el sincretismo alejandrino), como inmerso en un sueño que anticipa las visiones del romantiscismo.


"La Muerte de Procris" de Piero di Cosimo (c. 1480)

"Educación de Pan" de Signorelli (destruido en la Segunda Guerra Mundial)

El otro gran foco del nuevo influjo pagano lo constituye la Roma de los papas que, con Alejandro Borgia, Julio II y León X en la silla de san Pedro, concilia a su manera cristianismo y paganismo, resucitando las pompas del Imperio romano y promoviendo la imitación de los estilos artísticos de la Antigüedad. Pronto los reyes y emperadores europeos seguirán la moda en sus cortes, recibiendo el homenaje (como Enrique VIII o Francisco I) de ser comparados con el dios Pan por sus poetas, que usaban y abusaban de las alegorías (o "algarabías" como diría Quevedo). También solicitaban de los pintores de cámara retratos alegóricos (como el de Rodolfo II como dios Vertumnus, de Arcimboldo) o escenas mitológicas, que tan bien sabían representar con desbordante sensualidad y erotismo Tiziano y Rubens. En concreto Tiziano revolucionó el género de la "pintura pastoril", iniciado poco antes por los maestros de la escuela veneciana, y que casi siempre encerraba alguna alegoría cristiana relacionada con el Paraíso o la Adoración de los pastores. Pero las "bacanales" y "poesías" pintadas por Tiziano (de tema mitológico, y a menudo inventado por el propio artista) constituyen una franca celebración pagana, dionisíaca o pánica, de la vida.



Cabeza de sátiro, por Miguel Ángel
"Diana y sus ninfas sorprendidas por los sátiros" por Rubens (1638)


Detalle de "La Venus del Pardo" de Tiziano (1540 )

De la Edad de Oro al Siglo de las Luces
De todos modos, esta fiesta pagana empieza a remitir en los siglos siguientes por la acción combinada de reformistas y contrarreformistas. Las representaciones mitológicas se vuelven sospechosas, y sobre todo las de Pan o los sátiros se denuncian como disfraces del Maligno, para hacer su presencia más respetable en la alta sociedad y los círculos cultos. En la España del Barroco sobrevive el alegorismo, pero se vuelve a concepciones medievales, como pone de manifiesto el auto sacramental de Calderón de la Barca "El Verdadero Dios Pan", donde el autor exalta el pan de la Eucaristía.
Pero en la Francia de Luis XIV se produce una explosión de paganismo, favorecida por las pompas y el lujo con el que le gustaba rodearse al Rey Sol. Versalles se llena de fuentes y estatuas mitológicas,  y los dioses de la gentilidad dominan el Parnaso. Este fenómeno coincide con casos como el de madame La Voisin, la inventora de las "misas negras" y del satanismo moderno, lo que de algún modo sirvió de justificante a las sospechas de los puritanos y ultramontanos que antes hemos mencionado.

Poussin "Ninfa y sátiros" (1627)


La "pintura pastoril" vuelve a ponerse de moda, de la mano de Nicolás Poussin, que toca temas parecidos a los de Tiziano, sin faltar la alegoría moral como en su célebre cuadro "Et in Arcadia Ego" (la muerte también se encuentra en Arcadia), en el que unos pastores descubren la inscripción en la tumba de Virgilio ¿o del dios Pan? En esa época el racionalismo cartesiano de Descartes se empeña en despojar a la naturaleza de su halo de misterio y espiritualidad, para someterla al microscopio. Ya va quedando menos sitio para los dioses en el mundo moderno que empieza a amanecer.
Este género de la "pintura pastoril" conocerá un amplio desarrollo en el rococó, con pintores como Boucher, que representa al dios Pan como un galante cortesano entrado en años, persiguiendo a jovencitas. Faunos y sátiros, símbolos de las fuerzas de la naturaleza en todo su esplendor, aparecen domesticados entre aristócratas disfrazadas de pastorcillas, y otros personajes dedicados a gozar despreocupadamente de los placeres mundanos. Otras representación tienen un matiz más perverso y "epicúreo", como las bacanales en las que participan pequeños infantes sátiros.

Mademoiselle Prévost de bacante, por Raoux


El terreno está abonado para que surjan las ideas de la Ilustración, que convertirán la mitología en pura retórica huera, en adorno a veces sospechoso de "escapismo" e inmoralidad. En los salones de las madames, los filósofos de moda se encargan de socavar la tranquilidad y despreocupación con la que vive aquella nobleza cortesana, sembrando sentimientos de culpa. Algunos de ellos como Rousseau se inspiran en el bucolismo de Arcadia para elaborar sus teorías del "buen salvaje", y expresan su melancolía y nostalgia por una vida natural, no corrompida por la civilización. El salvaje, el primitivo, el desaliñado, el sátiro ya no será visto como un demonio opuesto a la sociedad y a las buenas costumbres, sino como un maestro en el arte de vivir, un ser muy superior al decadente urbanizado. Esta imagen roussoniana servirá para caracterizar más tarde a los artistas del Romanticismo, como veremos.

Clodion "Pan persiguiendo a Syrinx" (1770) Louvre


La incredulidad será la característica principal de los ilustrados, que con el padre Feijóo a la cabeza negarán toda existencia real a ninfas, sátiros y demás habitantes de los bosques. Intentarán por todos los medios (aunque no lo conseguirán) que el arte discurra por los estrechos senderos de la Razón y de la "cordura".

Otro producto de la Ilustración será el Marqués de Sade, individuo que se las daba de "filósofo",  y que siendo profundamente ateo promovió la exaltación de la naturaleza concebida de un modo pesimista, como instinto del mal. Su huella se dejará sentir en fenómenos de la época como la "novela gótica" (El Monje de M.G.Lewis), y sobre todo en el llamado conte cruel. Más tarde, la literatura fantástica  recuperará personajes del folclore como los vampiros o los "hombres- lobo", que han sido relacionados, quizás abusivamente, con la clase de criaturas (sátiros, silvanos) de las que estamos hablando.

                                                                 continuará


"Sátiro cargando con un lápiz" por Burne Hogarth























































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