viernes, 10 de mayo de 2019

  PINTORES DE BATALLAS 

Francisco Paula Van Halen y Gil ."Las Navas de Tolosa" (detalle) 1864

Las guerras, los ejércitos, los campos de batalla han sido motivo y fuente de inspiración para los artistas desde la noche de los tiempos, y mientras la corrección política no logre impedírnoslo, que cualquier día de estos pasará, es algo que cualquiera de nosotros podemos comprobar visitando los museos, los espacios arqueológicos o consultando los libros de historia del arte. Recordemos "La Batalla de Issos", una pintura mural de origen helénico que conmemoraba la victoria de Alejandro Magno sobre el rey persa Darío, y que fue más tarde copiada por los romanos en un mosaico de Pompeya, o la Columna Trajana en el Foro de Roma que celebra el triunfo de aquel emperador hispano-romano sobre los dacios; o el Tapiz de Bayeux del siglo XI que nos narra la batalla de Hastings que entregó las Islas Británicas a los invasores normandos; o la Batalla de San Romano que pintó Paolo Ucello en un tríptico del quattrocento; o el famoso duelo artístico que enfrentó a Leonardo y Miguel Ángel para representar la Batalla de Anghiari en los muros del Palacio Vecchio de Florencia... En el siglo XIX con el neoclasicismo y sobre todo con el romanticismo se produjo en Francia una apoteosis de la pintura de historia con representantes como Louis David,  el Barón Gros (ensalzador de las glorias napoleónicas) Gericault y Delacroix, y que más tarde fue imitada por los pintores de otros países. 
El pacifismo contemporáneo, tan antiépico él, bramará aduciendo que estos eran encargos de los poderosos de antaño, que así se aseguraban que sus glorias militares pasarían a la posteridad. Y en muchos casos puede que sea cierto, pero no es menos cierto que este tipo de encargos eran muy anhelados por los propios artistas, por los pintores y los maestros del cincel, porque su complejidad suponía para ellos un reto que les permitía lucirse. Este tipo de cuadros requerían un gran dominio de la composición, de la representación de multitudes de soldados, de animales (sobre todo caballos, pero también de elefantes, camellos y otros empleados en el arte de la guerra) poniendo en juego los conocimientos anatómicos, la destreza para expresar el movimiento, la creatividad para organizar grupos dinámicos aplicando con más o menos rigor la lógica militar, la capacidad para recrear mediante la luz y el color la atmósfera de un campo de batalla... Además, como cualquier pintura de historia, exigían que el artista realizara previamente una exhaustiva labor de documentación acerca de los uniformes,  armamento y artefactos bélicos, banderas e insignias, organización y estrategia militar, etc.
La guerra tiene pues una componente estética innegable, más allá de cualquier consideración moral sobre sus causas o consecuencias. Esto resulta obvio también en la música o la literatura, con ejemplos tan notorios como los de Beethoven, Shostakovich, Homero, Stephen Crane o Ernst Jünger, por citar sólo a algunos compositores o escritores que fueron inspirados por el dios Marte.
Mariano Barbasán : "Pedro III el Grande en el collado de las Panizas"

La España del barroco fue pródiga en este género de pintura guerrera y militar, implicando a algunos de sus principales maestros (Carducho, Jusepe Leonardo, Zurbarán e incluso Velázquez) en la creación de una serie de cuadros por encargo del rey Felipe IV para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Se trataba de representar doce episodios importantes de la Guerra de los Treinta Años en la que la España de los Austrias se vio involucrada, y en los que participaron los famosos Tercios, destacando entre todos ellos la "Rendición de Breda"(1630) pintada por Diego Velázquez.
 Más de un siglo después Francisco de Goya, gran admirador del genio sevillano, retomaría los temas militares para pintar el levantamiento popular de los españoles contra las tropas napoleónicas en "La carga de los mamelucos" (1814), y la posterior represión de los patriotas en "Los fusilamientos de la Moncloa". Sus aguafuertes sobre la Guerra de la Independencia (que siguen una tradición que se remonta a Brueghel y Callot) reflejan la cara amarga y no tan épica, a menudo sórdida, que se esconde tras las guerras y que volverían a reaparecer en los dibujos y lienzos de Otto Dix y otros artistas del siglo XX. Sobre todo tienen especial valor los que se deben a artistas civiles o combatientes que  fueron en realidad testigos directos de los hechos que representan, más allá de la utilización ideológica que de su obra se haya podido hacer a posteriori.
A lo largo del siglo XIX hubo en España muy meritorios pintores académicos de batallas, entre los mejores de este género de pintura a nivel mundial, pero que ahora son casi unos desconocidos para el gran público. Por recordar sólo algunos de ellos  cabría destacar a José de Madrazo y Agudo, todavía muy ceñido al gusto neoclásico, en la línea de David e Ingres ("La muerte de Viriato"); o a José Casado de Alisal , autor de un bonito cuadro sobre la Batalla de Clavijo (en la que apareció Santiago Matamoros a lomos de un blanco corcel, prestando apoyo logístico a las huestes cristianas de Ramiro I de Galicia) y, sobre todo, de una versión de la "Rendición de Bailén" (1864) de gran impronta velazqueña.

Eugenio Álvarez Dumont: "La muerte de Churruca en Trafalgar" (detalle) 1892


Otro gran artista que hay que mencionar es Francisco Paula Van Halen y Gil, cuyo cuadro sobre "Las Navas de Tolosa" , un prodigio de representación de un campo de batalla y de las multitudes en movimiento,  cuelga en las paredes del Senado desde 1878. Este pintor, como otros de su época, ilustró los episodios más memorables de la Reconquista, esa que al decir de los "expertos" del diario favorito de George Soros El País o de los políticos de  Unidas-Podemos, nunca existió en realidad o fue toda ella una invención del malvado Francisco Franco.
Entre estos pintores estarían Marcelino Santa María Sedano, que también pintó el episodio de las Navas en "El triunfo de la Santa Cruz"Francisco Pradilla ( "La rendición de Granada" o "Alfonso I el Batallador") o Mariano Barbasán Lagueruega autor de "Pedro III el Grande en el collado de las Panizas".
Eugenio Álvarez Dumont, nacido en Túnez en 1864,  fue el autor del magnífico cuadro "La muerte de Churruca en Trafalgar" (1892) que hoy se conserva en el Museo del Prado.
Otro tema bélico que inspiró a muchos artistas del XIX y XX, curiosamente muchos de ellos catalanes, fue la guerra de Marruecos que se lidió hacia 1860 para defender Ceuta y Melilla de los constantes ataques de las tribus rifeñas. En particular la batalla de Castillejos y la toma de Tetuán, en la que fue decisiva la participación del general Prim y del Regimiento de Cataluña, formado por ex-carlistas voluntarios, y cuya victoria quedó inmortalizada en los leones del Congreso, fabricados con el hierro de los cañones arrebatados al enemigo magrebí. El episodio más salvaje de esta guerra fue la batalla de Wad-Ras, librada en las escabrosas inmediaciones de Tánger.

Mariano Fortuny "La batalla de Tetuán" (detalle)


Entre los artistas que plasmaron en sus lienzos este capítulo memorable de nuestra historia, pero tan convenientemente olvidado para preservar la "buena vecindad" con la satrapía alahuí, caben citarse a José Cusachs y Cusachs, un clásico pintor castrense que sirvió en el ejército como capitán y comandante y participó en las acciones de Montejurra y Estella;  Francisco Sans y Cabot  ("El general Prim atravesando las trincheras del campamento de Tetuán"); Eduardo Rosales, Diego Fierros Álvarez, y sobre todo Mariano Fortuny, cuyo cuadro "La batalla de Tetuán" se considera inacabado e inacabable. Habría que añadir, ya en el siglo XX, el lienzo homónimo de Salvador Dalí en el que el pintor de Figueras homenajeó en clave surrealista a su paisano Fortuny.
También merece destacarse el también catalán José María Sert, quien pintó en 1929 la gesta de los almogávares en oriente para el Salón de las Crónicas del Ayuntamiento de Barcelona. Todavía la Colau no ha ordenado sustituir estas pinturas por otras más inclusivas y multiculturales, pero todo se andará.
Otro pintor de la primera mitad del siglo XX que debe recordarse es José Moreno Carbonero, maestro de Picasso y Juan Gris en la Academia de San Fernando de Madrid y especializado en temas históricos como "La entrada de Roger de Flor en Constantinopla" (también sobre la historia de los almogávares) o el "Desembarco de Alhucemas"(1929) la campaña con la que el general Primo de Rivera puso fin a la guerra de Marruecos.

Aunque por cuestiones ideológicas hoy esté bastante olvidado, por obra y gracia de la infame "ley de memoria histórica", hay que incluir aquí por su extraordinaria calidad a Carlos Sáenz de Tejada. Discípulo de Sorolla y colaborador del Ejército de los nacionales y de la revista "Vértice" durante la guerra civil, fue más tarde profesor de la Academia de San Fernando. Merecen destacarse sus recreaciones de las guerras carlistas y de la guerra civil, como las del asedio del Alcázar de Toledo.
También hay que recordar al ilustrador autodidacta Delfín Manuel Salas, quien además sirvió en las Fuerzas Armadas y en la Legión  y realizó un buen número de láminas, tarjetas postales e ilustraciones relacionadas con la milicia.


Carlos Sáenz de Tejada "Defensa del Alcázar de Toledo"

Para concluir este repaso a nuestros pintores de batallas , que no pretende ser ni mucho menos exhaustivo,  vamos a dedicar la parte final a los artistas que en las últimas décadas están insuflando nueva vida y vigor a la pintura castrense en nuestro país. Esto tiene bastante mérito en un país tan acomplejado y sometido al "marxismo cultureta" como esta España presidida por el Doctor Cum Fraude, donde puede suceder que si alguien practica o defiende este tipo de arte se exponga a ser tildado de "fascista", lo que para determinada gente equivale a decir algo así como"excluido de la humanidad"... Son los riesgos de ir contra corriente.
Ya hemos hablado en  otra ocasión sobre la obra del catalán Augusto Ferrer-Dalmau en este blog http://morenoruizignacio.blogspot.com/2014/02/o-el-arte-de-pintar-la-guerra-rocroi-el.html#more
Sin duda su amistad con el escritor Arturo Pérez-Reverte, quien le dio el sobrenombre de "Pintor de las batallas", ha contribuido a que su trabajo haya alcanzado mucha difusión hoy en día, tanto en publicaciones impresas como en Internet. También la gran cantidad de premios y galardones que ha merecido por su obra, entre ellas la Gran Cruz al Mérito Militar. De orígenes autodidactas, empezó pintando paisajes urbanos de su  Barcelona natal, un poco a la manera de Antonio López. Pero pronto se definió como un pintor castrense, tema que le atrajo desde la niñez tal vez por sus antecedentes familiares carlistas, y se propuso continuar la tradición de José Cusachs y de otros, ilustrando diversos episodios de la historia militar de España, como puede verse en el  libro "Bocetos para la historia", publicado recientemente en una excelente edición por  Espasa Libros.
Su obra es muy extensa y perfeccionista, abarcando desde las batallas del medioevo hasta la gesta de la División Azul, y pasando por la conquista de las Indias o las guerras carlistas. Este pintor, que se define a sí mismo como patriota, no ha dudado en desplazarse a los escenarios de conflicto como Afganistán para conocer de primera mano y compartir in situ las vivencias de los militares que están allí destinados. En una entrevista en El País, ante las preguntas del periodista hizo estas declaraciones sobre su trabajo: ""No entenderé jamás  a quien está en contra del Ejercito. Nosotros, los españoles del 2018, somos lo que somos por los que combatieron antes por nosotros. España es un gran cementerio, no hay un palmo de suelo sin huesos de soldado. Es injusto que no los recordemos. ¡Somos una pandilla de desagradecidos!"

Mikel Olazábal: "La crisis"


También merece mencionarse aquí al pintor alavés Mikel Olazábal, una joven promesa del realismo contemporáneo, que se formó como pintor  en Bilbao y en el taller de Jacob Collins en Nueva York, y ha expuesto su obra, entre otros espacios, en el MEAM (Museo Europeo de Arte Moderno) de Barcelona. Sus pinturas rebosan aliento épico, y junto a los temas mitológicos o inspirados por episodios de la Antigüedad clásica, no faltan las que glosan las guerras carlistas y en especial el Siglo de Oro español y la Epopeya Americana.
Otro artista contemporáneo que, aunque nacido en Toulouse, es de padre español y madre franco-portuguesa y está afincado en España es José Ferre-Clauzel, especializado al igual que Ferrer-Dalmau en la pintura histórica militar, y que como él ha pintado toda clase de episodios de nuestro pasado castrense con su pincel . También ha recreado para Inglaterra la batalla de Waterloo, pero sus temas predilectos son la División Azul y nuestros Tercios, cuyos vistosos uniformes le han servido para crear hermosas composiciones llenas de encanto.



José Ferre Clauzel: "Tercios de Flandes"


Recomiendo por último a los que estéis interesados en este tema el trabajo, bastante completo,de Álvaro García Perla sobre "Pintura Militar Española" que se puede consultar aquí:  http://www.belt.es/expertos/HOME2_experto.asp?id=6058

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