jueves, 18 de abril de 2013

DON QUIXOTE

"Quijote",óleo sobre tabla de Urbano Lugrís
  De nuevo volvemos a celebrar el Día del Libro, un 23 de abril de cada año, como si hubiera que recordar una extraña especie en peligro de extinción en estos tiempos de "cultura gaseosa" y digitalizada. "Gaseoso" se ha vuelto uno de los homenajeados este día, William Shakespeare, ya que muchos discuten hoy la autoría de las obras del inglés, otrora orgullo y baluarte de su país, y se las atribuyen a su coetáneo Cristopher Marlowe. En el caso del padre del Quijote, la cosa no ha llegado tan lejos, aunque su "oscuro" orígen haya sido materia de discusión por parte de los engendradores de sandeces, que proliferan como hongos desde la invención de internet. Por ahí circula la vieja teoría de que Cervantes era en realidad un converso (lo mismo se afirma de Colón, y también con  muy poca base ) y que lo de "la mancha" iba con segundas. Ahora algunos especulan sobre su presunta homosexualidad, la "teoría almodovariana" la podríamos llamar, o incluso se llega a afirmar que escribió la versión original del Quijote en catalán.


Lo que resulta incuestionable es que ambos apellidos de don Miguel, Cervantes y Saavedra, son inequívocamente oriundos de Galicia, y más en concreto de la provincia de Lugo. Ya naciera en Alcalá de Henares, conforme a la historia oficial, o en Sanabria como aseguran otros, lo más probable es que  sus antepasados fuero cristianos viejos, "fidalgos" de esa región norteña, y que se establecieron más al  sur (en tierras de Toledo el tronco paterno) durante la reconquista. Pruebas adicionales no faltan que se puedan aportar en este sentido: los abundantes modismos de procedencia galaicoportuguesa que encontramos en su obra, el mecenazgo del conde de Lemos o cierta inclinación por lo fabuloso y por la ironía que es común a los escritores gallegos: Valle-Inclán, Cela, Torrente Ballester o Alvaro Cunqueiro ( todos ellos magníficos cultivadores de la "lengua de Cervantes", es decir, del idioma español). Por si fuera poco, en el capítulo XIX de la primera parte del Quijote hace su aparición una comitiva de "encamisados" portando hachas de cera en medio de la noche, lo que recuerda sin duda a la leyenda galaica de la Santa Compaña.

Ilustración del Quijote para La Osa Menor, por Ramón Calsina
El español o castellano (como suele llamársele de puertas para dentro), conviene recordarlo, sirvió como "lengua franca" desde la edad media, por lo central de su espacio lingüístico entre los reinos cristianos peninsulares, y posibilitó entre otras cosas el que gallegos, astur-leoneses, vascos, aragoneses y catalanes pudieran hablar y entenderse entre sí durante muchos siglos. Fue (y esperemos que siga siéndolo, con permís de la señora Rigau) un instrumento valioso de comunicación, y no tiene nada de extraño que Cervantes,  descendiente de gallegos, lo empleara para escribir su obra, dándole de paso brillo y esplendor.
 Centrándonos en el Quijote,una de las novelas más emblemáticas de la Literatura universal, ha sido sujeto de múltiples y dispares interpretaciones desde que se publicó en 1605,  y sobre todo a partir de las traducciones (en muchos casos traiciones) a otros idiomas. En el hispánico Siglo de Oro se consideró una obra cómica, escrita con mucho ingenio y un alegato en contra de los- malos- libros de caballerías, destinado a un público cortesano. La primera traducción fue al inglés, en 1612, y se debe a un irlandés católico llamado Thomas Shelton, quien se ajustó bastante al texto original. Desde entonces, el Quijote se convirtió en uno de los libros favoritos del público inglés, y el estilo de Cervantes contribuyó en gran medida a cimentar esa sutileza de ingenio que caracteriza a los escritores británicos.


Ilustración del Quijote, por Ramón Calsina


Por cierto, la primera edición comentada también se debe a un inglés, la  de John Bowle (1781), y fue otro inglés, Lord Byron, quien calificó al Quijote como "la más triste de las historias", iniciando la interpretación del personaje como un arquetipo del héroe (o mejor anti-héroe) romántico, en lucha contra la mediocridad y el materialismo. Otra frase de Lord Byron referida al Quijote es muy significativa: "el gran libro que acabó con un gran pueblo". Esto lo dijo, muy poco antes de que sus compatriotas se afanaran en el desmantelamiento del Imperio español de ultramar, mediante las logias masónicas al servicio de los intereses  financieros de la City, a comienzos del siglo XIX. ¿Qué quiso decir Byron? ¿Aludía a la "duplicidad" del Quijote como sugería  Giménez Caballero, a su "grandeza y a su infamia"?
 Tal vez se tratara del acta de defunción del espíritu caballeresco que había hecho posible la gesta de la Reconquista y el dominio sobre pueblos desconocidos, más allá de la Mar Océana.  Don Alonso Quijano vendría a ser el símbolo de lo que le quedaba a la España del XVII de su glorioso pasado, un paladín insólito, grotesco a veces, un perdedor en definitiva, capaz de conmovernos con la nobleza desesperada de su gesto... Esta figura era vista con simpatía por Byron, y quizas con sorna por muchos de sus paisanos, pero a todos alcanza a la postre el espectro de la decadencia. ¿Tendrá el declinante Imperio anglosajón de hogaño también su "quijote"? ¿Tal vez se llame Austin Powers o Forrest Gump?


Ilustración del Quijote, por Ramón Calsina

En el caso de las traducciones francesas, como la de Filleau de Saint-Martin del siglo XVIII, nos encontramos con alteraciones y mutilaciones sin cuento del texto original, que responden a las intenciones "didácticas" de los ilustrados.Deseaban convertir el Quijote en una sátira moralista contra los efectos perniciosos de las obras de ficción, ya que "el sueño de la Razón produce monstruos". Y para ello necesitaban expurgarlo de todo lo que pudiera contradecir este aserto, y lo que atentara contra el "decoro".
Por desgracia, en otros países se hicieron traducciones de segunda mano a partir de estas adaptaciones " a la francesa" del Quijote, que desvirtuaban y daban una idea equivocada de la obra de Cervantes.
Con la eclosión del Romanticismo se impondrá la visión del Quijote de Byron, irradiando principalmente desde Alemania, donde el poeta Ludwig Tieck realizó su propia traducción en 1800. El estilo de Cervantes no dejaría de influir desde entonces en toda la novela moderna y en las literaturas nacionales que se estaban afirmando en Europa. Ya sea entre los escritores de temperamento visionario o fantástico, o entre los inclinados al realismo y al naturalismo, la levadura cervantina ha estado siempre ahí, como un ingrediente beneficioso que hace posible el milagro de la creación literaria y artística, en general.
Lástima que en "este país" abunden tantos prejuicios contra el Quijote, sobre todo cuando pocos son los que lo han leído alguna vez.



Dibujo de Lorenzo Goñi


Acerca de las obras de arte y los artistas  que aparecen en esta entrada

He querido acompañar esta glosa del Quijote, en primer lugar, con un cuadro del pintor gallego Urbano Lugrís (1908-1973), realizado al parecer para una librería coruñesa. Es un paisaje castellano, árido, muy diferente al que suele aparecer en otras obras de Lugrís, referidas casi siempre al mar. Destaca por su verticalidad, remarcada por ese árbol seco, machadiano, que ocupa el espacio central y que sirve de apoyo a la triste figura del hidalgo manchego. Todos los elementos que encontramos en él sugieren ascetismo y espiritualidad (la alta torre derruida del fondo, el ciprés junto al que descansa el despreocupado Sancho Panza). Es un magnífico cuadro, bastante original porque no alude a ningún episodio reconocible del relato cervantino, pero capta a la perfección la esencia del Quijote.
También he incluido tres dibujos al carboncillo del genial artista catalán Ramón Calsina (1901-1992), nacido en el barrio barcelonés de Poblenou, autor de carteles, decorados para obras de teatro e ilustraciones para libros (de Cervantes, Dickens y Edgar Allan Poe, entre otros), a parte de ser autor de una interesante obra pictórica. Su estilo, muy peculiar, fue calificado por algunos como "realismo mágico" o "naturalismo onírico", aunque él rechazaba cualquier clase de etiqueta. Creó su propio universo personal, poblado por personajes parecidos a marionetas que deambulan por espacios llenos de magia, como una especie de teatro de títeres...o en este caso de retablo de Ginés de Pasamonte, alias "Maese Pedro".
No menos onírico fue el gran dibujante y pintor jienense Lorenzo Goñi (1911-1992), gran ilustrador de obras maestras de la literarura hispánica, en especial de la novela picaresca. Todos recordamos sus fabulosas ilustraciones para el "Lazarillo de Tormes", "El Diablo Cojuelo" y , en este caso, para el "Quijote", con su peculiar estilo a la plumilla, barroco y abracadabrante.



Dibujo de Lorenzo Goñi






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