XENOFOBIA=CACA
Aportaciones a la Memoria Democrática
Desde este humilde blog no podemos menos que mostrar nuestra total adhesión al mensaje espetado por nuestra querida Ministra de Sanidad (médica y madre) Mónica García a algunos sanitarios ceutíes, que han estado un poco díscolos últimamente. A saber: que está muy feo aprovechar la "crisis migratoria" para difundir bulos xenófobos y de la extrema derecha como que nuestros visitantes del Magreb, que vienen de vacaciones a hacer turismo por Ceuta, pueden propagar enfermedades contagiosas como la tuberculosis o la sarna. Qué cosas dice la gente, por Alá, si es que hay mucho malintencionado en este miserable mundo. Lo dicho, que eso de la xenofobia es una KAKKA, escrito así con las tres kas, y muy grande además.
Sirvan para ilustrar cuanto digo estas imágenes que corresponden a otros tiempos, felizmente ya periclitados, en los que incluso la izquierda española sucumbía a esos discursos de odio contra el moro, al que se tildaba por aquel entonces de gente bárbara e invasora. Pero no extraigamos falsas conclusiones ni saquemos de contexto esta rancia propaganda antediluviana, como hacen en particular, y con muy aviesas intenciones electoralistas, el Frente Hebreo o VOX en nuestros días. Esas efusiones maurófobas se debían y estaban justificadas por la presencia de tabores norteafricanos entre las tropas de los Regulares que combatieron en las filas del ejército "nacional" o, mejor dicho, "sublevado" como se dice ahora, durante la guerra civil del 36. La fama de sanguinarios y de brutales de los magrebíes se correspondía sin duda al recuerdo del trato especial que los rifeños habían dispensado en el Monte Arruit y el Barranco del Lobo a las tropas españolas, compuestas en su mayoría por hijos de familias campesinas y obreras que no pudieron pagar las redenciones en metálico para librarse de ir a la guerra de Marruecos. Entre las sevicias varias que allí se cometieron contra los nuestros se incluían empalamientos, crucifixiones, mutilación de genitales, decapitaciones, prisioneros quemados vivos y profanación de los cadáveres en general para que no se les pudiese identificar.
La presencia como fuerza de choque de estos tabores en la guerra civil sembró naturalmente el pánico entre las poblaciones que se encontraban a su paso y eso fue aprovechado por los franquistas como una táctica de miedo psicológico, que a su vez tuvo su réplica en la prensa frentepopulista de la retaguardia. Rotativos como "Fragua Social" de la CNT o "L'Esquella de la Torratxa" (publicación barceloní republicana y anticlerical, en manos de la UGT desde 1934) cargaron en especial las tintas contra los pobres moritos que acompañaban a los facciosos en sus correrías bélicas. Como puede verse se atacaba al marroquí no sólo por su aspecto físico, atribuyéndoles un aire animalizado e incluso simiesco, y costumbres e inclinaciones no muy caballerosas, en particular hacia las mujeres y los niños, sino que también se ofendían sus sentimientos religiosos musulmanes, al igual que se hacía por otra parte con los de los propios católicos. Resulta curioso que algunas viñetas republicanas de la época condenaban las uniones interraciales en la zona nacional entre mujeres blancas españolas y los soldados indígenas regulares, en una época como la nuestra en la que se promueven los "besatones" contra el racismo. Pero esa propaganda no se limitaba a esa clase de prensa escrita e ilustrada, sino que como puede verse abarcaba también coloridos carteles, que ahora la izquierda antirracista se empeña en mantener escondidos en el baúl de los objetos vergonzantes, que es preferible no desempolvar porque queda bastante feo y dejan en mal lugar al abuelito.

Pero los tiempos han ido cambiando y ya quedó muy atrás aquella "Operación Reconquista" lanzada por el Partido Comunista en 1944 para derribar al régimen de Franco mediante un alzamiento popular, con la Virgen de Covadonga como testigo de ocasión. Hoy ya no sufrimos por fortuna esas tensiones bélicas tan molestas en la Europa occidental y los grandes cambios revolucionarios se van produciendo de forma gradual y pacífica, pero a buen ritmo y con la complicidad además de nuestras "élites" gobernantes e intelectuales, como puede leerse en la novela "El campamento de los santos" de Jan Raspail.
Todo eso fue antes de que las mentes biempensantes neoliberales se dieran cuenta de que la llegada masiva de inmigrantes africanos y no africanos iba a venir a remediar el "invierno demográfico" de nuestras envejecidas naciones, a pagar nuestras pensiones y de paso a tirar los salarios a la baja, formando, como decía Karl Marx, las filas del ejército de reserva del gran capital. Y antes de que la izquierda, con Ernesto Laclau y Mélenchon a la cabeza, hicieran lo propio y descubrieran en ellos al principal de esos nuevos sujetos revolucionarios que tanto necesita la declinante izquierda, tras la desindustrialización y la desafección de lo que antes se llamaba el proletariado.
En "Hegemonía y estrategia socialista" apunta el primero de estos lumbreras a que la nueva izquierda debe enfocar su discurso en esa multiplicidad de antagonismos que representan las nuevas y muy diversas identidades políticas (feministas, lgbistas, ecologistas, minorías racializadas, etc) proponiendo su articulación en "cadenas de equivalencia". Y el segundo, que se ha declarado como un "magrebí europeo" sin tener ni una sola gota de sangre africana, apoya ya descaradamente la agenda de reemplazo al mostrarse a favor de la regularización masiva, en espera de que eso revierta en su particular caladero de votos. En parecidos términos parece que nuestro presidente vacacionista Sánchez, gran defensor de los derechos palestinos (que no de los saharauis) y de los "migrantes", opina que los menas de hoy pueden llegar a ser los votantes socialistas del mañana, al igual que Isabel Díaz Ayuso confía en que los nuevos españoles recién importados de la cordillera de los Andes y del Caribe van a votar todos en masa al PP en las próximas elecciones. Cada uno al parecer arrima el ascua a su sardina y mira a su propio rédito electoral, y mientras tanto se deja la casa sin barrer y con las puertas abiertas de par en par para que entren a mansalva los foráneos. Que eso está muy bien , porque al fin y al cabo nadie es ilegal y no deberían existir las fronteras en nombre de los derechos humanos universales, pero el hecho cierto es que mientras Europa se ha ido volviendo cada vez más multicultural y mestizada, en el continente africano se han ido eliminando a los blancos que había, por lo que mucha reciprocidad no se alcanza a ver en este proceso "globalizador".




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