LA VISITA DEL PAPA WOKE
El abate Prevost, financiado generosamente por el Ibex 35, se está dando un garbeo por estas cálidas y acogedoras tierras, todo ello envuelto en un espectáculo de masas que precede por su pompa a los desfiles del orgullo gay y a los mundiales de fútbol previstos para este verano. El sumo pontífice de la iglesia postbergogliana viene básicamente para ver si tratamos bien a sus amadísimos "migrantes", de ahí que el colofón de esta visita tendrá lugar en Gran Canaria y Tenerife, los principales puertos de desembarco de cayucos que tenemos en Europa en estos momentos.
Es decir, que los españoles autóctonos, descendientes de los que se batieron el cobre por la Cruz en Covadonga, en las Navas o en Lepanto, y que ahora vamos de capa caída, le importamos una rabaneta al papa Leoncio, que viene como embajador del globalismo y de la Agenda 2030, a ver si hemos hecho bien los deberes de "acogida con los que vienen de fuera". Resulta curioso que muchos de esos "nuevos españoles" profesen la fe musulmana o pentecostalista y que el número de católicos esté en galopante retroceso, en gran parte gracias a la aportación de esas masas de recién llegados.
El wokismo, hoy en retirada de muchos frentes, tiene ahora como principal refugio al Vaticano que está haciendo sus pingües negocios con organizaciones extractivas como Cáritas o Accem , y todo con el visto bueno de peperos, conservadores y voxaleros varios. Tampoco se nos escapa que este viaje apostólico viene a ser un espaldarazo al declinante P. S. y a la progredumbre española en general, que andan hundidos en las heces de la corrupción endémica y no levantan cabeza. Aparte de la sintonía del discurso papal y del gobierno más progresista de la historia, todo este show (como los que están por venir para el verano) resulta una distracción muy conveniente para usarla como cortina de humo, en espera de que la cosa escampe.


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