CUBA Y LOS CÓMICS REVOLUCIONARIOS
Sujetadme el cubata, que voy a hablar de Cuba. En estos días en los que el pato Donald ha pasado del modo American First al modo American Psycho, y se dedica a amenazar a medio orbe, entre los países que ha puesto en la diana se encuentra de nuevo la Isla de Cuba. Con la que España tiene vínculos históricos más que evidentes, al tratarse de una de las últimas provincias de ultramar que perdimos allá por 1898, gracias en gran parte a la intervención de los gringos (la otra fue el archipiélago de las Filipinas, donde los yanquis organizaron un genocidio de tal magnitud, que se borró por completo la huella hispánica en ese país asiático; de todo esto ya hablamos en otra entrada: https://morenoruizignacio.blogspot.com/2019/12/hollywood-y-la-leyenda-negra-prima.html ).
Ahora que nuestro flamante Dirty Sánchez se está redimiendo, al condenar los ataques a Irán como violaciones del derecho internacional (lo que está muy bien) cerrando el espacio aéreo a los aviones asesinos de la coalición Epstein (lo que está aún mejor... aunque desde Defensa sigan hablando de su "inquebrantable adhesión" a la OTAN) y hasta condenando que Satanyahu haya impedido a los cristianos celebrar el Domingo de Ramos en Santo Sepulcro (siendo al mismo tiempo el gobierno sanchista un campeón en abortos y eutanasias) debería posicionarse también en el caso del pueblo cubano, que como siempre está sufriendo las consecuencias de los embargos y sanciones de los usakos. No basta con que el Coletas esté de vacaciones en un hotel de superlujo. Psánchez, mójate un poco hombre, que tus hermanos socialistas de allende la Mar Océana te necesitan.
Por muy malo que haya sido el régimen castrista (cuyos turbios manejos con la Rockefeller Foundation siempre me han sorprendido y mosqueado un poco) el verdadero responsable de las hambrunas y miserias que padece actualmente la población de la isla es el vecino del norte, que lleva tratando a los cubanos como cobayas desde hace más de un siglo. Desde que un presidente masón como McKinley, tras haber promovido el terrorismo racista de los ñáñigos de la sociedad secreta Abakú y la insurgencia de los mambises a través de logias como la Estrella Tropical No. 19, acordara con otro presidente masón, Práxedes Mateo-Sagasta, Gran Maestre y "Hermano Paz", la venta de Cuba tras montar el paripé de una guerra perdida de antemano, y que costó la vida nada menos de 50.000 soldados españoles (3.000 de ellos en combate y el resto víctimas de las enfermedades tropicales). Para este fin le fue muy útil la labor de intoxicación del magnate de la prensa Randolph Hearst, quien se dedicó a inflamar de propaganda antiespañola a la población norteamericana, hasta que al fin se produjo el atentado de bandera falsa del Maine. Todo esto, explicado con detalle, se echa a faltar en las películas y cómics que han tratado el asunto, como el por otra parte meritorio "Santiago de Cuba" de la serie Las Grandes Batallas Navales, obra del historietista y pintor oficial de la Armada belga Jean-Yves Delitte. Aquí se vuelve a ofrecer la versión oficial de los hechos, en la que la flota de barquitos de hojalata españoles se enfrenta a un contingente muy superior desde el punto de vista técnico, sin atender lo suficiente a los entresijos políticos que hubo en la trastienda. Si bien, hay que reconocer que el autor muestra sus simpatías por el bando perdedor y señala al fanatismo de los yanquis, envenenados por la propaganda de Hearst, quien no paraba de atacar desde sus rotativos a "las ratas españolas".
Pero no son mucho más perspicaces los autores españoles o cubanos que han abordado el episodio de la independencia de Cuba. Por ejemplo, la obra del gallego Fran Jaraba (con la tetralogía compuesta por "Cita en La Habana", "De sangre y ron mi Cuba", "Tierra Libre" y "Campos de Cuba") muestra el conflicto desde el punto de vista de Maxi Torres, un intelectual anarquista gallego, que por un tema de faldas se enrola en el ejército español para sofocar la rebelión independentista y más tarde se convierte en un desertor. Tiene su interés histórico, aunque tiende a idealizar mucho a los guerrilleros mambises y a reiterar las acusaciones de la propaganda yanqui contra la actuación de los españoles (los campos de concentración, la crueldad atávica, etc.)
Entre los cómics cubanos relacionados con este tema está el más humorístico e infantil "Elpidio Valdés", del dibujante Juan Padrón (autor también de la célebre película de animación "Vampiros en La Habana") que narra las aventuras de un heroico general mambí, y en el que se acostumbra a ridiculizar a los españoles, presentándolos como unos paletos que hablan con acento andaluz. El estilo de diseño de personajes de este autor, por cierto, recuerda no poco al de la serie francesa "Érase una vez el hombre", pero con varios años de antelación.
Tras el triunfo de la revolución castrista en 1959 los cómics cubanos, que contaban con una larga tradición que se remontaba a Landaluce en el siglo XIX y que más tarde fue sometida a la invasión de las tiras de prensa norteamericanas, sufrieron un notable cambio sobre todo a nivel ideológico. En nuestro país no se conoce bien la historia del cómic cubano, ya que muchos artistas y obras permanecen ignorados, así como las circunstancias difíciles con las que han tenido que lidiar los autores que han trabajado en la isla. Ya durante la guerra contra Batista se publicó en la clandestinidad en Sierra Mestra, en la revista El Cubano Libre, "Julito 26"(en referencia al Movimiento 26 de Julio, organizado por Fidel Castro en 1955 para oponerse a Batista) una tira cómica dibujada por el guerrillero Santiago Armada, encargado también de dibujar los mapas de las zonas de combate. En los primeros tiempos posrevolucionarios se publicaron historietas satíricas como "Supertiñosa", una parodia del personaje de Superman en la figura de un pajarraco carnívoro y voraz, todo un símbolo del imperialismo capitalista de los gringos. Curiosamente el dibujante Virgilio Martínez, siguió aquí el modelo de la revista useña "Mad", y llegó incluso a homenajear, a su manera, a algunos personajes icónicos del cómic norteamericano como Tarzán, el Zorro o el Spirit.
"Supertiñosa" apareció en la revista "Mella", en la misma donde haría sus pinitos hacia 1962 un tal Silvio Rodríguez, que antes de hacerse cantautor fue dibujante de cómics. Su principal contribución fue la serie "El Hueco", con guiones de Norberto Fuentes. Luego publicaría otros trabajos de tema satírico y antiimperialista en revistas como "Verde Olivo" y "Venceremos", pero tras hacer el servicio militar dejaría poco a poco los lápices para iniciar su carrera musical.
Esta vena satírica sería continuada en años sucesivos por la revista "Palante", una especie de El Jueves a la cubana dedicada a repasar la actualidad en clave jocosa.
Resulta curioso el "Álbum de la revolución cubana:1952-1959", editado en 1959 por la Revista Cinegráfico con dibujos de Capdevila. Se trataba de una colección de cromos de 36 páginas dedicadas a ensalzar a los héroes de la revolución castrista, y cuya portada está inspirada descaradamente en la serie de tebeos españoles de la época franquista "Hazañas Bélicas", de Boixcar.
Tras la implantación del nuevo régimen el gobierno prohibió la inclusión de las tiras cómicas norteamericanas, instauró una férrea censura (bueno, como la que actualmente disfrutamos en la UE) y ejerció la intervención estatal en el espacio público, prohibiendo cualquier opinión contraria a las reformas en marcha. Al principio, hubo incluso hasta un cierto rechazo institucional hacia los cómics, porque este medio, al igual que el cine, la radio y la televisión propiciaban, según palabras de Raúl Castro, "una atmósfera conformista, procapitalista y antirrevolucionaria". Pero poco a poco se impondría la conveniencia de crear una industria autóctona, en teoría procurando borrar en lo posible toda influencia cultural norteamericana. Como veremos los resultados dejaron en la mayoría de los casos mucho que desear.
Sería entre los años 70 y 90 que se desarrolló el estilo característico de los cómics de la revolución cubana, centrados en gran medida en el adoctrinamiento de la infancia, con revistas como "Pionero" (nombre de resonancias soviéticas, que alude a la Organización de Pioneros José Martí, una especie de juventudes fidelianas) y destacando autores como el ya mencionado Juan Padrón o Manuel Lamas Cuervo, dibujante de "Matojo", un personaje infantil afiliado a la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas) cuyo uniforme era algo parecido al de los sanfermineros o los requetés: camisa blanca y boina y pañoleta rojas.
Otro dibujante popular fue Cecilio Avilés, el creador de "Cecilín y Coti" (un niño y su mascota, una cotorra parlanchina) que van por el mundo deshaciendo entuertos y librándolo de los elementos antisociales.
En general, el cómic oficialista cubano estuvo recluido durante estos años en la caricatura y el adoctrinamiento ideológico, y estaba destinado en su mayoría a los más pequeños, lo que pone de manifiesto el valor que le tenía asignado el nuevo régimen. Apenas se desarrollaron, que sepamos, historias realistas, épicas o de aventuras de carácter serio, como las que se podían ver en los Estados Unidos o en Europa, y el estilo de dibujo era más bien infantil, y en la mayoría de los casos algo tosco, por no decir cutre. Más adelante sí que han ido apareciendo autores con gran talento gráfico, que han ido abordando géneros como el cómic histórico (César Carrizo con "Despertares") la ciencia ficción ("Alona" de Rafael Morente) o el realismo social (como "Bim Bom" de Alexander Izquierdo) que representan ejemplos bastante dignos del "aperturismo" del régimen.
En otros países sí que se encargaron de ensalzar con mucho más acierto el triunfo de los barbudos desde los primeros tiempos, como en Argentina con la biografía hagiográfica "Che" (1968) de H.G.Oesterheld y Alberto y Enrique Breccia. Acerca de esta obra, curiosamente nunca publicada en Cuba, ya me referí en una entrada anterior, a la que ahora me remito: https://morenoruizignacio.blogspot.com/2021/07/cuba-libre-cartel-disenado-por-martin.html#more
No sería hasta 2009 que un autor cubano, Roberto Alfonso Cruz , publicó con guión de Héctor Quintero Travieso "Rebelión", una crónica de la revolución castrista en la que en algunas de sus viñetas es patente la influencia del trabajo artístico de Breccia, con referencias a la labor documental de fotógrafos como Alberto Korda.
Otros autores no cubanos se han aproximado a los hechos que llevaron al triunfo del régimen castrista, siendo los más frecuentes los que abordan con diferentes prismas la figura más icónica del movimiento, la del comandante Ernesto "Che" Guevara: Marco Rizzo y Lelio Bonaccorso se acercan a él sin mitificarlo tanto como Oesterheld, el trabajo de Spain Rodriguez (un reconocido autor del underground norteamericano) tiene un posicionamiento más ideológico de izquierdas, pero mostrando la revolución con toda su crudeza, etc.
Uno de las últimas aproximaciones es "Arde Cuba" del español Agustín Ferrer, en la que el autor nos propone un viaje a La Habana de Batista, en compañía del fotógrafo Frank Spellman y del actor Errol Flynn, que andaban localizando exteriores para una película cuando les sorprende el estallido de la revolución. En este cómic no queda títere con cabeza, ya que se muestran las injerencias de la mafia y las grandes empresas norteamericanas, así como el coste de vidas y la traición de los ideales revolucionarios nada más producirse el triunfo de los insurrectos.






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