miércoles, 24 de junio de 2026

 

Diseño de Iván Bilibin

DE CACERÍA ONÍRICA LA MAÑANA DE SAN JUAN

La fiesta de San Juan, conectada tradicionalmente con el solsticio de verano, se relaciona con la magia y los ritos de iniciación, como puede comprobarse en la víspera, con la noche de las hogueras, y con la recolecta a la mañana siguiente de las llamadas "hierbas de San Juan" (como la malva, el romero, la hierbaluisa, la retama y otras "herbas de namorar"...y también de las digitales, que servían para otros menesteres menos venturosos). Shakespeare, que era un criptopagano en la Inglaterra del anglicanismo, nos dejó "El Sueño de una Noche de Verano", una oda a ese momento onírico del año que actúa como  portal mágico en el que se difumina la frontera entre la realidad y la fantasía. Con el propósito de darle una colleja al "experto" Jesús Maestro, creo obligado reproducir hoy uno de mis poemas favoritos del Romancero Viejo español, el Romance del Infante Arnaldos, como muestra temprana de que la literatura fantástica estuvo siempre presente en nuestro país. Se trata para quien no lo conozca de una pieza muy antigua que nos cuenta el encuentro sobrenatural en la mañana de San Juan de un caballero y un marinero místico. Envuelto en una atmósfera realmente feérica y alucinante, vemos que el navegante que viaja en una embarcación de materiales imposibles es capaz de dominar los animales y los elementos de la naturaleza mediante un canto mágico. El romance se cierra de un modo abrupto ante la negativa del marinero-druida de entregar su secreto iniciático al noble que lo exige de muy malas maneras, y que además no parece muy dispuesta a asumir los riesgos de un aprendizaje iniciático. Aquí podemos ver de forma diáfana la huella de lo celta en la literatura medieval hispánica, muchos siglos antes de que Dunsany o Yeats escribieran sus relatos y poemas numinosos.

"¡Quién hubiera tal ventura sobre las aguas del mar 

 como hubo el infante Arnaldos la mañana de San Juan

Andando a buscar la caza  para su falcón cebar, 

 vio venir una galera  que a tierra quiere llegar; 

 las velas trae de sedas,  la ejarcia de oro torzal, 

áncoras tiene de plata,  tablas de fino coral. 

 Marinero que la guía diciendo viene un cantar, 

 que la mar ponía en calma,  los vientos hace amainar; 

 los peces que andan al hondo,  arriba los hace andar; 

 las aves que van volando,  al mástil vienen posar.

 Allí habló el infante Arnaldos,  bien oiréis lo que dirá: 

 —Por tu vida el marinero,  dígasme ora ese cantar. 

 Respondióle el marinero,  tal respuesta le fue a dar: 

 —Yo no digo mi canción / sino a quien conmigo va."

No hay comentarios:

Publicar un comentario