martes, 9 de junio de 2026

 LA PRIMERA GRAN CANCELACIÓN DE LOS GOOD ONES



Mucho se oye hablar de la cultura de la cancelación, que asociada al wokismo y a la inquisición posmoderna ha podido llegar en el presente a límites tan absurdos que ya nadie se libra de la censura: ni Homero, Cervantes o Shakespeare, no digamos ya los filósofos o pensadores que han fraguado la cultura europea. Se da por sentado que las monarquías absolutistas o los regímenes autoritarios han aplicado la censura, y hasta la nausea nos han machacado con la persecución de los intelectuales judíos o marxistas durante el Tercer Reich, la quema de libros y todo eso. Pero lo que sorprende es que en las sociedades presuntamente democráticas se pisotee la libertad de expresión y el trabajo intelectual, llevando a cabo una censura aún más despiadada que la de otros sistemas del pasado, en nombre de unos supuestos "derechos de las minorías". Que esto es lo que realmente está sucediendo.

Resulta que muchos, en particular los que se consideran liberales, se rasgan las vestiduras ante la dictadura de lo políticamente correcto, como si se tratara de un fenómeno reciente, importado de las universidades de los Estados Unidos por nuestras sociedades occidentales, tan democráticas y respetuosas todas ellas con la "libertad de expresión" o con las libertades en general. Y eso no es así, ya que los delitos de opinión (hoy llamados eufemísticamente delitos de odio) siempre han sido perseguidos por el aparato del poder, no importando con qué clase de vestiduras se intente este disfrazar: dictaduras, democracias liberales, democracias populares, etc. La cancelación ha sido practicada desde siempre y a un lado y otro del viejo telón de acero, a veces de una forma brutal y otra más sibilina, aunque a lo que estamos asistiendo ahora es a su aplicación más generalizada y sin vaselina de ninguna clase.

Más aún, en nuestro mundo "libre" y hasta hace muy poco tiempo con la irrupción de Internet, resultaba muy difícil publicar nada si no se contaba antes con el visto bueno de los que manejan el tinglado o con la aportación económica de los que controlan el flujo del capital financiero. De ahí que ahora se quieran añadir puertas al campo y poner coto por todos los medios a las redes sociales y demás, condenando a los disidentes al ostracismo o endosándoles los calificativos de conspiranoicos, negacionistas o de fabricantes de "fakes", ya que los que realmente mandan olfatean el peligro que suponen tantos espacios que compiten con los medios de desinformación de los que son dueños y señores.

En realidad, para hablar propiamente de cancelaciones habría que retroceder a los comienzos de la democracia burguesa, a la Revolución Francesa, por ejemplo, mediante el terrorismo intelectual ejercido por el Comité de Salud Pública o con la quema de libros y archivos, pese a la supuesta abolición de la censura del Antiguo Régimen. O con la cancelación física, mediante el expeditivo método de la guillotina. Pero podemos sacar a la luz un ejemplo algo más reciente (bueno, no tanto, porque hablamos de cosas que sucedieron hace unos setenta años) y que en Europa tuvo un gran impacto porque supuso el veto, cuando no la depuración, de buena parte de la intelectualidad que hasta entonces vivía y trabajaba en el viejo continente. Todo ello como resultado, qué duda cabe, de las vicisitudes de una guerra mundial, pero también de las maniobras de ese "elemento extraño, parásito, extranjero en Occidente", como diría diría Francis Parker Yockey, que de algún modo se quería vengar de lo mal que se lo hicieron pasar los nancys y fasistas a los intelectuales de su cuerda. A continuación reproducimos por su interés un capítulo del libro de Joaquín Bochaca "Los crímenes de los Buenos", publicado hacia 1982 por una pequeña editorial y que no tiene desperdicio. Un libro muy interesante (y en la actualidad bastante cancelado) para todo aquel que quiera conocer versiones diferentes de la historia oficial, y sin que eso implique necesariamente estar de acuerdo en todo con la ideología del autor o con sus puntos de vista sobre determinados temas. En algunas cuestiones el libro está hoy en día algo desfasado, contiene algunos errores y el enfoque de algunos análisis debería ser revisado a la luz de los nuevos datos que se han ido revelando con el paso del tiempo, tras la desclasificación parcial de algunos archivos. Pero, en conjunto, se trata de una obra bastante documentada, y muy valiente, pionera en nuestro país los estudios históricos alternativos.  En la lista de autores expurgados desde 1945 no están todos los que son ni, desde mi punto de vista, son verdaderos intelectuales todos los que están, pero aparecen nombres muy ilustrativos y reveladores. 

Vaya por delante que reproduzco el texto íntegro para ser respetuoso con el autor (salvo alteraciones para escapar a la censura, precisamente)  y con un afán meramente informativo y divulgativo, porque considero que estas cosas o no se saben (porque no se quiere que se sepan) o no se conocen lo suficiente por el público en general; y que no necesariamente comparto todos los puntos de vista del autor o de los autores de referencia, cuyas afirmaciones, algunas en verdad muy polémicas o controvertidas, se citan a lo largo del capítulo. Las fuentes aclaratorias se pueden comprobar leyendo las notas numeradas que aparecen al final del texto.

Suponemos que en la actualidad los aspirantes a valerosos maquisards, comisarios políticos o  miembros del Brain Trust  no descansan elaborando nuevas listas negras de nombres a depurar. Como el nivel es el que es y como dijimos antes, cualquiera puede figurar en esas listas de la inquisición posmoderna; un servidor lo puede atestiguar por su propia experiencia. Si no, que le pregunten a mi "amigo" Nacho Escolar, que me ha dispensado un tratamiento especial en sus medios, poniéndome a la altura (sin merecerlo) de un Ezra Pound o un Knut Hamsun. Todo un honor sea dicho, por la parte que me toca.


LOS "BUENOS" Y LOS INTELECTUALES (POR JOAQUÍN BOCHACA)

Es un hecho relativamente bien conocido hoy día que las listas negra contra los artistas e intelectuales europeos acusados, con razón o sin ella, de ser nancys o pro-nancys, fueron redactadas mucho antes que las listas de los criminales de guerra, exceptuando, claro es, la primera lista que incluía a los miembros del Gobierno Alemán. Dice Louis Marschalsko: "Esos conquistadores del mundo que llegaron a la vencida Alemania procedentes de los Estados Unidos y que eran, casi todos ellos, fanáticos comunistas, compilaron esas listas y las trajeron consigo cuando llegaron como agregados de prensa y propaganda del ejército de los Estados Unidos. Pero, aunque lucían el uniformes del ejército norteamericano, no representaban el espíritu de Jefferson, sino al espíritu vengativo e intolerante del chauvinismo jota... Esa gente solo perseguía una finalidad: destruir a la competencia intelectual de las clases sociales y las profesionales, y rebajar la intolerable superioridad del estilo de vida cristiano " (708). Dijeron Churchill y Roosevelt que, además de la lucha en las trincheras, se estaba desarrollando otra lucha en pro de la libertad de la Humanidad y del espíritu humano. No obstante, las listas negras, la censura, la prohibición de ejercer profesiones y carreras artísticas, el amordazamiento de la Verdad y el terrorismo intelectual puro y simple fueron implantados en Europa, la creadora de casi todas las Culturas que el Mundo ha visto, no sólo por los chekistas que seguían al Ejército Rojo sino también por deseo expreso de los gobiernos de las democracias occidentales. 

Arno Breker

En esas listas negras figuraban hombres como Sauerbruch, el mayor genio médico del siglo, y Wilhelm Fürtwangler, el más grande de los directores de orquesta. Junto a ellos, músicos de renombre mundial como Richard Strauss, Herbert von Karajan, Clemens Krauss, Julius Patzak, Walter Gieseking, Vasa Prihoda, Pfitzner, Paul Linke, Karl Böhm, Werner Krauss; escultores geniales como Thorak y Arno Breker, cuyas obras fueron destruidas por los bárbaros de la Libertad; actores y directores de cine, como Emil Jannings, Theo Lingen, Ulrich, Leni Riefensthal; el tenor checo Leo Slezak, que se retiró en 1934, pero que por el hecho de haber residido en Alemania y haber sido partidario del pintor austríaco fue a parar a la cárcel; Fredl Weiss, un conocido actor cómico, que a menudo hacía bromas y chistes a costa del pintor austríaco, debió comparecer ante los tribunales de los libertadores. El terrorismo de éstos no se detuvo ni ante la figura de un genio intelectual de la talla de Gerhardt Hauptmann, "sospechoso" por haber osado escribir unas líneas tristes expresando su pesar por la suerte de Dresde. A Erwin Guido Kolbenhayer se le prohibió publicar sus libros. Incluso los muertos fueron incluidos en esas listas negras, como Heinrich George, que fue capturado por los soviéticos y murió en un campo de concentración. Todos los intelectuales y artistas alemanes fueron depurados, en mayor o menor grado. La depuración alcanzó incluso a figuras del Deporte, tales como el ex-boxeador Max Schmelling, a quien se acusó falsamente de haber sido un torturador de un campo de concentración.

Leni Riefensthal

 El líder de esa depuración de intelectuales y artistas era, en el Este de Alemania, el comunista Gerhard Eisler, compositor de la famosa marcha revolucionaria "La Internacional". En el Oeste, junto a Eisenhower, inspirándole constantemente en esa tarea hubo, sucesivamente, tres individuos más tarde desenmascarados como cripto-comunistas (709): Cedic Henni Belfrage, James Aaronson y Moses Kagan. Los cuatro: Eisler, Belfrage, Aaronson y Kagan pertenecían a ese "elemento extraño, parásito, extranjero en Occidente", denunciado por Yockey. La depuración intelectual, por supuesto, no se limitó a Alemania. No era sólo Alemania el enemigo de los poderes fácticos: era Europa y lo que representaba. Así, en Italia, Gioacchino Volpe fue condenado a muerte en rebeldía; escritores como Evola, Gentile, Farinacci (ambos asesinados por los partisanos ), Barracu fueron condenados, muchos años, al ostracismo. Tremenda fué, también, la represión intelectual en Hungría. Laszlo Endre, el poeta que acabó sus días en una celda de la checa de la famosa Andrassyut escribió, en su carta de adiós que pudo llegar a Occidente: "Los Protocolos de los Sabios de Sión son auténticos" (710). No hubo un sólo escritor o artista de cierta categoría, que hubiera ejercido su arte y su profesión antes de la Liberación que no fuera a parar a la cárcel, en el mejor de los casos. Lo mismo puede decirse de Rumania, Bulgaria y la desgraciada Polonia.

Pierre Drieu La Rochelle

En Francia fue, tal vez, donde la depuración se cobró mayor número de víctimas, dejando Alemania aparte, naturalmente. Figuras del relieve intelectual de Charles Maurras y Henri Béraud fueron condenadas a prisión perpetua. Brasillach, el poeta exquisito, fue condenado a muerte tras un proceso inicuo. También lo fue el escritor y periodista Georges Suarez. Igual suerte corrieron Jean-Hérold-Paquis, locutor de Radio París, Jean Luchaire, redactor-jefe del periódico Temps Nouveaux, y el novelista Paul Chack. Pierre-Antoine Cousteau y Lucien Rebatet fueron condenados a muerte, pero les fué conmutada la pena por la de prisión perpetua, hasta que, tras siete años de cárcel, se beneficiaron del indulto de Vincent Auriol. Urbain Gohier obligó al tribunal a molestarse: como no podía moverse de su cama del hospital a causa de su parálisis, los magistrados se desplazaron allí y le condenaron a cadena perpetua. Jean Drault fue condenado a treinta años de trabajos forzados por haber escrito media docena de artículos antimesitas en su juventud. Algunos escritores escaparán a los jueces: Drieu La Rochelle se suicidó el 15 de Marzo de 1945, cuando acaba de abrirse contra él una instrucción. Louis-Ferdinand Céline, refugiado en Dinamarca, sólo será castigado a una pena ligera, por contumacia, cuando cinco años más tarde se le juzgue: cierto es que habrá debido pasar dos años en prisión en el país al que solicitó asilo. Alphonse de Chateaubriant, el antiguo director de La Gerbe, vivirá clandestinamente en Austria, donde morirá en 1951. Raymond Abellio, condenado a veinte años de trabajos forzados in absentia, será indultado en 1952, tras seis años de exilio en Suiza.

Louis-Ferdinand Céline

 El terrorismo intelectual sería completado por la acción de un autotitulado "Comité Nacional de Escritores", a cuya cabecera figuraban Sartre y François Mauriac (711). Jean Queval, mediocre escritor, se vengará de sus colegas infinitamente superiores a él, redactando la lista de "autores colaboracionistas", a los que, durante largo tiempo, se les vetará en periódicos, salas de redacción, editoriales e imprentas. He aquí la impresionante lista: Claude Farrère, Jean Cocteau, Paul Fort, Colette, León-Paul Fargue, Sacha Guitry, Jean Anouilh, Jacques Audiberti, Marcel Carné, Henry de Montherlant, Jean Sarment, Octave Aubry, Pierre Bénoit, André Bellesort, Jacques Boulenger, Robert Desnos, Charles Dullin, Leon Frapié, Marcel Lherbier, Jacques de La Varende, Paul Morand, Pierre Mac Orlan, Victor Margueritte, Henri Poulaille, Maurice Rostand, Henry Troyat (712), Maurice Yvain, Marcel Aymé, Marcel Berger, René Barjavel, Félicien Challaye, Luc Durtain, el editor Bernard Grasset, Pierre Hamp, Gabriel Hanotaux, La Fouchardiére, Alfred Fabre-Luce, Louis Ferdinand-Royer, Pierre Mille, Henri-Raoul Lenormand. Bertrand de Jouvenel, Jacques Roujon, Emile Roche, André Salmon, Francis Delaisi, Pierre Varenne, René Malliavin y Jacques Bénoist-Méchin. Este ultimo, condenado a muerte, seria, luego, indultado. También fue condenado a muerte in absentia, el finísimo escritor Abel Bonnard, que encontró asilo político en España, hasta su muerte. Infinidad de periodistas, tanto de la prensa de París como de la de provincias, fueron víctimas de esa depuración intelectual, que se prolongó durante tres largos años (713). Una periodista, o, más exactamente, una " juntaletras " que, pese a su orígen étnico, no fue molestada durante la Ocupación alemana, Madeleine Jacob, apodada "La Hiena", se destacó en su labor delatora privando del pan, y a veces de la libertad, a numerosos colegas suyos. El sabio Alexis Carrel fue detenido y se le anunció que se le iba a juzgar por "colaboracionista y racista". Pero la Justicia no pudo cobrarse esa víctima, pues Carrel, en precario estado de salud, morirá en el hospital de la cárcel. El "pecado de racismo" no lo perdonan los inquisidores democráticos franceses. Por ese motivo será condenado a muerte y fusilado el gran etnólogo Georges Montandon. Georges Claude, una de las figuras capitales de la ciencia europea, será condenado, a los setenta y siete años de edad, a cinco de prisión. 

La depuración llegará a tal paroxismo de vesania y estupidez que hasta figuras tan populares como el cantor Maurice Chevalier, el actor Louis Jouvet y el boxeador Georges Carpentier serán multados por haber actuado ante los voluntarios de la División SS "Charlemangne". Toda la intelectualidad francesa recibió un golpe tremendo del que nunca se repondría totalmente. El escritor Georges Bernanos, uno de los pocos que no fue molestado por el celo de los depuradores, tuvo la franqueza y el coraje de escribir: "Digo que Francia jamás ha conocido un régimen tan mediocre como el que, en 1945, se ha impuesto en el país como liberador, y no ha cesado de prostituir después, o antes de ridiculizarse en su favor, la palabra "liberación ". Nunca la más baja y la más vulgar corrupción alcanzó ese grado, no de cinismo -en el que hay, aún, algún amargo desafío- sino de inconsciencia casi pueril, infantil, en el regateo de los puestos, el sofoco de los escándalos y la ostentación obscena de las mediocridades satisfechas " (714). 

En Bélgica, la depuración intelectual comenzó con el asesinato del periodista Paul Colin, director del gran semanario Cassandra. Jules Lhost, editorialista del mismo periódico, fue condenado a cadena perpetua, pero, por indicación del auditor militar, fue juzgado por segunda vez y condenado a muerte en Febrero de 1945. Lo mismo le sucedió a otro periodista, Joseph Streel, director de Le Pays Réel, que fue también condenado a cadena perpetua, pero igualmente el auditor militar consiguió que se repitiera el juicio y se le condenara a muerte. El mismo caso inicuo se dio con Robert Poulet, tal vez el mejor de los novelistas belgas: cadena perpetua primero; revisión del proceso y condena a muerte, aunque consiguió el indulto. También fueron condenados a muerte los periodistas Victor Meulenyzer y "Jam", el dibujante satírico, aunque éste último fue indultado.

Georges Remi (Hergé)

 Otros escritores que tuvieron problemas con los depuradores fueron el célebre novelista Georges Simenon y el autor teatral y ensayista Félicien Marceau. Un ejemplo de la intolerancia de la época nos lo suministra el caso del dibujante Hergé, el célebre creador de " Tintín ", héroe de los cuentos infantiles. Bajo la ocupación alemana, dos álbumes del dibujante "Tintín en América" y  "La Isla Negra", fueron prohibidos por los alemanes porque en ellos América era presentada de manera demasiado favorable (715). Pero no por ello dejó Hergé de publicar sus dibujos en el diario Le Soir, de Bruselas. Esto fue suficiente para motivar su arresto por las milicias patrióticas. Hergé vióse impedido de ejercer su actividad durante dos años. En Holanda los depuradores no se perdieron en detalles: todos los periodistas que habían escrito durante la ocupación, fueron expulsados de sus periódicos, pero el número de condenados fue mínimo. En Luxemburgo, como mencionamos en otro lugar, hubo cuatro ejecuciones. Una de las victimas fue el profesor Damien Kratzenberg, director de la "Volkdeutsche Bewegung", que no fue acusado de acto inhumano alguno, pero que había optado por la germanización del Gran Ducado en sus libros. Lo hemos dicho y lo repetimos una vez más: el delito de opinión está muy mal visto en las llamadas "democracias ". En general, la depuración intelectual presentó caracteres similares en todos los países occidentales. Algunos casos singulares merecen, empero, una atención especial. 

Knut Hamsun

El caso de Knut Hamsun, por ejemplo. Hamsun, Premio Nobel de Literatura, en una época en que tal premio tenía, todavía, una significación real, era generalmente reconocido como el más grande escritor escandinavo contemporáneo. Hamsun, cierto es, apoyaba al gobierno de Quisling, y era acendradamente antisoviético. En una ocasión solicitó audiencia al pintor austríaco para solicitar la retirada de Noruega del Gauleiter Terboven, a quien execraban todos los noruegos, ya fuesen fieles al Rey exiliado, ya a Quisling. Según Sérant, "la audiencia supuso para el escritor una amarga decepción, pues el Führer se perdió en consideraciones generales sin prestar atención a los propósitos del escritor. A pesar de esas decepcionante experiencia, no por ello dejó Hamsun de arraigarse en sus convicciones " (716). Cuando el mundo supo la muerte del pintor austríaco, algunos días antes de la capitulación del III Reich, Hamsun publicó el siguiente homenaje al difunto Führer: "Yo no soy digno de elevar la voz a propósito de H.; su vida y sus actos no invitan a manifestar emociones. Era un guerrero; un guerrero para la Humanidad; y, para todas las naciones, el predicador del Evangelio del Derecho. Era un reformador de la más alta condición. El Destino le ha hecho desplegar su acción en una época de brutalidad sin precedentes; esa brutalidad que, finalmente, le ha abatido. Así es como el europeo medio debe considerar a H.; nosotros, sus partidarios, nos inclinamos ante sus restos". A partir del momento de la rendición alemana, Hamsun fue arrestado. Juzgado, fue condenado a treinta días de cárcel y fue declarado " indigno nacional ". Al salir de la cárcel se le infligió, a sus ochenta y seis años, el ultraje de internarle en un asilo psiquiátrico. A su esposa, que nunca intervino en política, la condenaron a tres años de trabajos forzados y, a la muerte del escritor, el Estado le arrebató su pensión de viudedad.

Ezra Pound

 Otro caso particularmente vergonzoso fue el de Ezra Pound, el mejor escritor norteamericano de su época y uno de los mayores genios de la Literatura contemporánea. La guerra le sorprendió en Italia, donde vivía regularmente. Habló por los micrófonos de la radio italiana, acusando a Roosevelt, a Churchill y a la Alta Finanza Internacional de haber provocado la guerra. Pound fue hecho prisionero por sus compatriotas. No sólo fue internado, sino que conoció el suplicio. Después de haberle metido en una celda de condenado a muerte, se le encerró en una Jaula, abandonándole en medio del campo; el gentío de los alrededores, debidamente aleccionado por las células comunistas, vino a desfilar ante el, cubriéndole de injurias y de escupitajos. A continuación se le transfiere a una celda, completamente aislado, y a oscuras, permaneciendo en la misma varios meses, antes de ser repatriado a los Estados Unidos. Al llegar a su patria fue entregado a una comisión de psiquiatras que ordenaron su internamiento en un asilo. Pound, no obstante, continuaba escribiendo y sus obras bastaban para demostrar que no era lo que se pretendía que fuera. Por fin, en 1958, tras una vigorosa campaña de varios escritores, con Hemingway a la cabeza, Pound fue autorizado a abandonar el asilo Inglaterra, la patria del Liberalismo, también conoció la lucha contra los intelectuales y contra la Libertad de opinión. El caso más extraño fue el de John Amery. Pertenecía a la mejor sociedad británica y su padre, Lord Amery, formaba parte del gabinete Churchill en calidad de Ministro de Asuntos Indios. El joven John Amery actuó como periodista en España, en donde permaneció hasta 1940. Luego pasó a Francia, donde entró en contacto con los líderes colaboracionistas franceses Marcel Déat y Jacques Doriot. Desarrolló una serie de conferencias radiofónicas con destino a su patria, invitando al pueblo ingles a deponer a Churchill y a concluir la paz con Alemania. Luego, se alistó en la "Legión Saint George" que combatió contra los soviéticos. En su proceso, que tuvo lugar el 28 de Noviembre de 1945, Amery dijo que no reconocía a un tribunal más judío que inglés el derecho a juzgarle. En consecuencia, no respondió a ninguna de las preguntas del Tribunal ni se tomó la molestia de explicar su actitud. Condenado a muerte, fue colgado algunas semanas más tarde. Tenía 33 años de edad. Su destino no tuvo repercusión alguna en la carrera política de su padre, que continuó siendo ministro de Indias hasta que su partido perdió las elecciones y el gabinete se disolvió. William Joyce, al que los ingleses llamaban "Lord Haw Haw", hijo de padre irlandés y madre inglesa, había nacido en Nueva York. Desde muy joven vivió en Inglaterra y se alistó en el partido de Mosley, aunque en 1937 rompió con éste para crear un grupo disidente: el Partido Nacionalsocialista Británico. En 1939 se trasladó a Alemania y solicitó la nacionalidad alemana, que rápidamente obtuvo. Fue el comentarista principal de las emisiones de la radio alemana, con destino a Inglaterra. Nunca atacó a su anterior patria. Sólo aconsejó a sus ex-compatriotas que instaran a su gobierno a que hiciera la paz con Alemania y se uniera a ésta en la lucha contra el bolchevismo. Capturado por los ingleses al final de la guerra, fue condenado a muerte, por "traición" y colgado. Dejando de lado que no comprendemos cómo en una supuesta "democracia" puede condenarse a alguien por aconsejar que se haga la paz (717), queda el hecho de que difícilmente pueda ser "traidor" un extranjero como Joyce, naturalizado alemán. Chuter Ede, Secretario de Estado británico para la Información manifestó que el número de ingleses acusados de traición y colaboración con el enemigo se elevaba a 125 (718).


                                                    

 Entre los británicos que fueron acusados de traición hay que señalar el caso del célebre novelista P.G. Wodehouse. El 15 de Junio de 1941, la B.B.C. acusaba al novelista de "haberse postrado a los pies de Hitler" y de "haber vendido su honor a cambio de una vida cómoda". Esta información suscitó una profunda indignación en el país, en el cual Wodehouse era uno de los escritores más populares. Unos pilotos de la R.A.F., no se sabe si con autorización o sin ella, partieron en misión para bombardear la casa de Wodehouse en Touquet, pero destruyeron, por error, la casa vecina. En efecto, Wodehouse residía desde hacía varios años en Francia. En realidad, el novelista se limitó a grabar unas charlas, en las cuales contaba, con su gracia habitual, algunas de sus aventuras y, en especial las de 1940, en la Francia ocupada y, más tarde, en la Zona libre, gobernada por el régimen de Vichy. Los alemanes difundieron esas charlas en la serie de emisiones con destino a Gran Bretaña. A Wodehouse le salvó de ir a la cárcel el apoyo masivo de sus colegas ingleses, en especial de Evelyn Waugh (719). Otro caso que llegó a ser célebre fue el del escritor Sisley Huddleston, inglés, escritor de calidad, aunque silenciado por la critica de la post-guerra. Este inglés vivía en la Costa Azul cuando estalló la guerra y, como dice Sérant (720) "era uno de esos ingleses que hacen de Francia su segunda patria", como le sucedió a Chesterton. En 1940, tras la derrota francesa, se negó a regresar a Inglaterra. "Me parecía -escribe al evocar ese período- que eso era el fin de mi propia vida...Sin dejar de ser inglés tenía en ese momento la convicción de ser más francés que inglés". Huddleston se oponía a la política de Churchill, al que llamó asesino tras el ataque inglés contra la flota francesa en Mers-el-Kebir. Pero a Churchill le llamaron entonces asesino cuarenta millones de franceses. Por cierto que Huddleston solicitó y obtuvo la nacionalidad francesa. A la Liberación de Francia se refugió en Mónaco, pero las autoridades del Principado accedieron a la extradición hecha por las autoridades francesas. Huddleston fue condenado a cinco años de cárcel, por "simpatías hacia los ocupantes", lo cual no era cierto pues Huddleston era mas bien partidario de la política "esperista" y, en el fondo, antialemana, del Mariscal Pétain. La psicosis de la persecución contra los intelectuales alcanzó incluso a los países neutrales. En Suiza, por ejemplo, el periodista y escritor Georges Oltramare, fue condenado a tres años de cárcel por haber escrito en su revista ginebrina Le Pilori que el principal enemigo de Europa era el Bolchevismo. En cuanto a Frank Burri, escritor y animador del "Nationale Bewegung des Schweitz", que reclamaba unas democráticas elecciones generales en Suiza, para consultar a los cantones sobre si deseaban continuar formando parte de la Unión Helvética o bien preferían integrarse a Francia, Alemania o Italia, fue condenado a veinte años de cárcel. Esa dureza de las autoridades judiciales suizas contrastó poderosamente con la magnanimidad mostrada hacia el otro bando. Por ejemplo, las autoridades del Cantón de los Grisones amnistiaron al israelita David Frankfurter, convicto y confeso del asesinato de Wilhelm Gustloff, el Presidente de la Asociación de Alemanes Residentes en Suiza. Para un asesino, la amnistía. Para un escritor, la cárcel. Y esto, en un país "neutral" (721).


708 / Louis Marschalsko: " World Conquerors ".

 709 / Louis Marschalsko: " World Conquerors ". 

710 / Ibid. ld. Op. Cit.

 711 / Tanto Mauriac como Sartre solicitaron y obtuvieron el favor de las autoridades ocupantes, pero tuvieron la habilidad de olfatear a tiempo el cambio bélico-político en 1943. (N. del A.).

 712 / Troyat era judío. Era lo que quedaba por ver; un judío pro-nazi (!!!).( N. del A.) 

713 / Todavía en 1960, al escritor rumano Vintila Horia, al que un jurado literario había concedido el " Premio Goncourt ", se le retiró dicho premio porque el " Comité France-Israel " desarchivó unos artículos escritos por él, veinte años antes, y juzgados antisemitas. ( N. del A.)

714 / " L´intransigeant ", Paria, 13-III-1948. 

715 / Culpable de esa orden ridicula fue el Jefe de las tropas de ocupación. General Von Falkenhausen que, en cambio, tuvo mucha, manga ancha con los pistoleros de la "resistencia ". Es curioso, pero innegable; donde la ocupación era dirigida por elementos del N.S.D.A.P. habían menos problemas que cuando era un general hipernacionalista, con monóculo, quien se ocupaba de esas funciones. ( N. del A.) 

716 / Paul Sérant: " El destino de los vencidos ", pág. 301.

717 / Numerosos periodistas y casi la mitad de senadores de los Estados Unidos aconsejaron hace pocos años que se hiciera la paz en el Viet-Nam y -que sepamos- ninguno de ellos fue ahorcado. ( N. del A.)

 718 / " The Times ", Londres, 11-IV-1946.

719 / Durante varios años, no obstante, a Wodehouse se le hizo el " black out " más completo. Sus libros fueron retirados de las bibliotecas públicas y dejaron de editarse sus obras. Wodehouse se fue a residir a los Estados Unidos donde culminó una fecundísima labor literaria. (N. del A.) 

720 / Paul Sérant: " El destino de los vencidos ", pág. 233-234. 

721 / Durante la guerra, Suiza había acogido liberalmente a los refugiados antinazis y antifascistas, y a unos 25.000 israelitas de todas las nacionalidades. A comienzos de 1945 los europeos amenazados por la depuración antifascista creyeron que podrían beneficiarse de esa misma hospitalidad. Se equivocaron. A la Sra. Mussolini le fui negada la entrada. También a Jean Herold-Paquis, que fue entregado a los franceses, a sabiendas de que le iban a fusilar. ( N. del A.)



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