lunes, 8 de junio de 2026

 LA FIESTA DEL DRAGÓN EN GALICIA Y EN OTRAS LATITUDES



Coincidiendo con la celebración del Corpus hay una serie de tradiciones y leyendas paganas que han encontrado su acomodo en el calendario católico gallego, como es el caso de las célebres "Cocas", es decir los dragones mitológicos de los tiempos antiguos, de algún modo cristianizados y asimilados por la iglesia durante la Edad Media. El proceso fue similar al que dio origen a las fiestas de la Cucafera en Tarragona, Tortosa y otras localidades catalanas, al Drac de Villafranca, la Mulassa de Reus, la Tarasca de Valencia y Granada o el Tarasque de Tarascón (Francia).

En el caso de Galicia y norte de Portugal hay varias fiestas de la Coca, en particular están las de Betanzos, Monção y sobre todo Redondela, siendo en esta última villa donde se registra una mayor antigüedad y continuidad histórica, al menos desde los siglos XV o XVI, ya que las otras parecen haber sido reconstrucciones más recientes. Otros lugares de la geografía gallega donde se atestigua que también existieron este tipo de celebraciones fueron Ribadavia, Orense, Pontevedra, Santiago de Compostela y La Coruña.

Foto histórica de la Coca, a mediados del siglo pasado

La leyenda dice que en un tiempo muy pretérito los pobladores de Redondela se vieron asediados por una bestia con cuerpo de saurio, cola de serpiente y alas de murciélago que habitaba en las aguas de la ría de Vigo y que tenía por costumbre raptar a las más hermosas doncellas. Por lo que de vez en cuando emergía, para atrapar a alguna jovencita soltera entre sus fauces y llevársela a una cueva sita en las inmediaciones, donde tenía su guarida. Hartos de semejante afrenta que les dejaba sin sus futuras novias, los mozos más aguerridos del lugar decidieron unir sus fuerzas y enfrentarse juntos contra el monstruo. Mientras las chicas se hacían pasar por marineros, los jóvenes aguardaban agazapados en las casas de la villa el momento en que apareciera el bicho, para asestarle el golpe mortal. Y así lo hicieron, clavándole mil veces sus espadas hasta que acabaron con la maldición de la Coca, y pudieron por fin rescatar a las muchachas que ésta  mantenía aún secuestradas.
Este episodio legendario se sigue escenificando en Redondela la víspera del Corpus con la llamada "danza de las espadas", un ritual guerrero de probable origen celta , y que también se practica en otras localidades de Galicia, como Marín, y con sus variantes en en otros lugares de la geografía española como Andalucía o las provincias Vascongadas. En ella los jóvenes varones, al son de las castañuelas, bailan en torno a la Coca, esgrimiendo unos bastones de madera  (suponemos que antaño se hacía con espadas de verdad) que van atados todos ellos con una cuerda, para mantenerlos unidos. Tradicionalmente esta ceremonia estuvo vinculada al gremio de mareantes de esta localidad pontevedresa.

                                             


Otra danza tiene lugar una vez que ha sido derrotada la bestia, la de las "Penlas", en la que unas fornidas mujeres pertenecientes al gremio de las que amasan el pan, llamadas las "burras", bailan sosteniendo sobre sus hombros a unas niñas vestidas con un traje blanco con encajes  y un par de alitas angelicales. Esas niñas representan las almas de las jóvenes doncellas, salvadas por los valerosos muchachos de las garras del dragón. Hay documentos que atestiguan que esta danza ya se ejecutaba allá por el siglo IX, o sea que es muy antigua.
Este trasfondo netamente pagano es el que subyace a estos festejos, entroncando con tradiciones y mitos indoeuropeos, como el de Sigfrido y el dragón Fafnir o el de Perseo, Andrómeda y el monstruo marino Ceto. Estas leyendas tienen su correlato en otras culturas como la mesopotámica (Marduk y la criatura Tiamat) o la japonesa, con la historia de Yamata No Orochi. En todas ellas el Héroe solar, que representa la claridad y el orden, se enfrenta y consigue dominar a lo informe, lo caótico y lo oscuro, cuyo símbolo es el dragón. La única diferencia es que en este caso que nos ocupa el héroe es colectivo, es la horda de jóvenes guerreros que salva a la comunidad de un peligro que amenaza su supervivencia.



 No sería sino mucho más tarde, tras la caída del emperador Juliano, que el cristianismo se apropiaría de estas historias tan arraigadas en lo popular para establecer el mensaje que le interesaba, la lucha del Bien contra el Mal, contra  el pecado,  y con el devenir del tiempo realizar una inversión total y muy descarada, presentándola como el triunfo de la civilización cristiana, iluminada por el Evangelio, sobre el antiguo mundo pagano. La leyenda que mejor caracteriza esta apropiación es la del caballero San Jorge de Capadocia, que tomaría forma a partir de moldes mucho más antiguos y paganos (se le conoce con el nombre de Digor entre los rusos y como Al-Kahder entre los árabes) hacia el siglo IX, con su inclusión en la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine. Existe un hermoso libro ilustrado por Esteban Maroto que está dedicado a San Jordi y  otras historias similares, como las que hemos mencionado con anterioridad. 
Es decir, que durante el Medievo se da un proceso de asimilación y aprovechamiento de estos mitos ancestrales por parte de la Iglesia católica. De ahí que en Redondela pase a servir como complemento a las fiestas del Corpus Christi, que simbolizan el triunfo de la nueva fe, junto con esas efímeras alfombras florales tan singulares que se realizan para estas conmemoraciones, similares que también se pueden ver en otras localidades del sur de la provincia de Pontevedra (Ponteareas, Gondomar, Porriño, Bueu). Esta tradición también es posible que tenga un origen que hunde sus raíces en el paganismo y en los ritos ancestrales de culto a la fertilidad, la naturaleza y  la primavera, como sucede también con los famosos mayos. La iglesia acabó convirtiendo estas ofrendas en un camino digno para la custodia del Santísimo Sacramento. 



Otro paso que se saca en procesión al cierre de las fiestas es una imagen del Inmaculada Concepción, la Mujer del Apocalipsis vestida de sol, a cuyos pies aparece la luna y a menudo también la serpiente o el dragón, como emblema del Mal. Esta aparición viene a remachar aún más el significado escatológico que desde la Edad Media se ha querido imponer a unas tradiciones que en su origen nada tenían que ver con la revelación cristiana ni con la Buena Nueva que nos vino de Judea.
En cualquier caso en Redondela, como en otras localidades, todavía pervive con fuerza algo del espíritu verdadero y originario de esta fiesta. El cortejo de diablillos y de gigantes y cabezudos que acompañan a la Coca durante esos días por las calles de la villa crean una atmósfera disruptiva que cortocircuita las celebraciones religiosas, que se realizan en lugar aparte y en paralelo. Esta parte de los festejos corrían tradicionalmente a cargo del gremio de artesanos y zapateros. Y aquí es donde puede aún sentirse la magia ancestral, con esas fantásticas efigies de cartón creadas por los artesanos locales, como el veterano Benito Cascallo (el cuidador de la Coca) o el más joven Rubén Casal. Este arte, a diferencia del floral, se conserva en un espacio que alberga otras piezas, que cobran vida durante el Festival Internacional de Títeres de Redondela, que ya va por su XXVII edición.
Al menos aún perdura esta fiesta en su forma original, como un vestigio de antiguas creencias populares y del protagonismo de los gremios, y  una exaltación de los vínculos comunitarios y de servicio en defensa del eslabón más vulnerable del grupo, en este caso las doncellas casaderas. Todavía no han protestado, que yo sepa, las feministas, exigiendo una cuota de participación en la danza de las espadas (como sí han hecho en otras fiestas populares como la de los curros) ni la sociedades animalistas se han pronunciado todavía, declarando a la Coca como una especie protegida. Pero, por desgracia, en estos tiempos posmodernos todo se andará.







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