viernes, 3 de julio de 2026

LA PELÍCULA DE LA QUE TODO EL MUNDO HABLA 


¿El discurso dominante se resquebraja por fin o simplemente se está reinventando? Asistimos a los síntomas de un aparente desmoronamiento de lo que hasta ahora parecía como la verdad indiscutible, inamovible, absoluta. Del discurso ético y filosófico, abstracto, que legitima el actual sistema de poder y que es el que en el fondo cimenta todas las injusticias reales. Aquel bajo el que vivimos anestesiados, pero al que la realidad de cada día se encarga de poner en evidencia, como uno de los mayores fraudes e imposturas de todos los tiempos. 
El progresismo posmoderno está ahora en tela de juicio; por mucha droga dura que nos inyecten en vena desde la tele y los grandes medios e instituciones, la gente está despertando, en Internet se habla y se comentan las noticias incómodas, se rompen los tabúes, etc. Y el cine tarde o temprano termina por reflejar también lo que está en la calle. Cuesta más porque se trata de una industria cara y muy atada  a los clichés y convencionalismos y a los conflictos de intereses; pero siempre hay autores más o menos independientes a los que todo esto se la trae al pairo y  son capaces de tener una voz propia y de navegar contracorriente de lo que dictan los gobiernos o las grandes productoras de Hollywood. Incluso en España se empiezan a oír voces como las de Juanma Bajo Ulloa, director cuyo cine no es que me ilusione especialmente,  pero que al menos está teniendo el mérito de denunciar a la mayoría de realizadores de nuestro país que se dedican básicamente a lamer el trasero del poder político y financiero de la oligarquía, a hacer de voceros de la "revolución woke" (cuyos planteamientos, como muy bien dice el director, coinciden con los proyectos de las grandes compañías, con Google y BlackRock a la cabeza) y a adoctrinar, con las bendiciones de las sumas sacerdotisas Irene Montero y Yolanda Díaz, al público a través de sus películas en la nueva fe revelada.
Desde Alemania, que en esto de la dictadura progre nos lleva cierta delantera a los españoles, nos ha llegado la última película de Uwe Boll, "Citizen Vigilante", un estreno que ha provocado una gran polémica al ser censurada "silenciosamente" en el país de origen del director por la FSK (asociación de autocontrol de la industria cinematográfica alemana) que al no clasificarla por edades la ha vetado en la práctica para poder ser exhibida en las salas de cine comerciales. Sin embargo, esto no ha impedido su visualización en X y en otras plataformas de Internet, llegando a convertirse en un fenómeno global y en un ejemplo de lo que se conoce como el "efecto Streisand", es decir que cuanto más se prohíbe una cosa, más interés suscita y más se difunde entre el público.
Uwe Boll es un director algo irregular, que no maneja presupuestos multimillonarios (lo que se nota a veces en sus películas) y que financia sus propios proyectos a través de una productora independiente, la Boll KG. Se caracteriza por un un cine de acción, con generosas dosis de violencia, y es conocido por sus productos de evasión, como la adaptación del videojuego "En el nombre del rey" entre otros. Pero es asimismo el autor de "Asalto a Wall Street" (2013) una película también muy polémica, inspirada por los efectos de la  crisis financiera de 2008, en la que un conductor de furgones blindados se ve en una situación límite, al estar arruinado por culpa de la codicia de los banqueros, y que al no poder costear el tratamiento médico de su mujer, decide tomarse la justicia por su mano yendo a por los que considera responsables de su situación personal y económica. 
En el caso de "Citizen Vigilante", estamos ante un caso similar, el de un justiciero que busca venganza. Pero a diferencia de los personajes de Charles Bronson, Clint Eastwood y de otros a los que nos tiene acostumbrados el cine hollywoodiense, aquí el protagonista irrumpe de nuevo en un contexto muy concreto. Esta vez se trata de un empresario norteamericano del sector inmobiliario que, por unos motivos no aclarados del todo, decide tomar cartas en el asunto de la delincuencia salvaje en Europa, que aparece en la  película como estrechamente ligada en  los últimos años al fenómeno de la inmigración descontrolada y masiva (si bien los gobiernos e instituciones ya se encargan de maquillar o no hacer explícitas las cifras reales que vinculan ambos hechos, para que no sean de dominio público). El personaje de Sanders, muy bien interpretado por el actor Armie Hammer, tiene facetas algo oscuras de su personalidad que no lo hacen "simpático" ni apto para que el público empatice con él, a diferencia del Jim Baxford de "Asalto a Wall Street". Pero tal vez ese sea el propósito del director, que no quiere contarnos una simple fábula de buenos y malos. Lo importante es lo que a través de su historia se está denunciando, una realidad silenciada y que no aparece reflejada en el cine que nos dejan ver esos poderes que tanto se preocupan de nosotros. Como el propio Boll ha remarcado resulta curioso como los ocho miembros del FSK de pueden arrogar el derecho de decidir lo que pueden o no pueden ver cincuenta millones de personas adultas; pero eso es justamente lo que está pasando en Alemania y en otros países, incluido el nuestro. 
También es interesante señalar que en la película se denuncia la pasividad de los ciudadanos europeos ante lo que está ocurriendo y la colaboración de ciertos poderes e instituciones (jueces, policía) contra los que también se dirige la justicia vengadora del protagonista. Sucesos como la violación grupal en 2020 por una banda de individuos pigmentados de una niña alemana de 15 años en el Stadtpark de Hamburgo, que estuvieron abusando de ella durante más de tres horas sin que nadie hiciera nada, aparecen reflejados de un modo casi explícito y brutal al final de la película. Este caso real fue especialmente sangrante, ya que de los nueve detenidos ocho fueron exonerados por tener menos de 21 años al cometer los hechos, llegando a ser justificado su proceder por parte del juez en estos términos: "fue un medio para liberar la frustración y la ira derivada de su experiencia migratoria en Europa y su desorientación cultural". Teniendo estas palabras en cuenta, muy suave me parece el castigo que se les aplica a esta clase de criminales con toga en la película.
Aunque no todo juegue a su favor (las deficiencias técnicas por falta de presupuesto quizás sea lo de menos, peor es el apoyo de gente como Elon Musk o que le haya gustado a Roberto Vaquero) la cinta es muy interesante de ver y tal vez actúe como revulsivo  o como indicador de un cambio de tendencia al que tarde o temprano van a tener que enfrentarse los poderes fácticos del mundo occidental. Si lo van a hacer con más censura y represión o intentando controlar y manipular en su propio provecho esta corriente de opinión alternativa, eso ya es otra cuestión que el tiempo se encargará de dilucidar.

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