UN CÓMIC PARA TODOS Y PARA NADIE (5)
Con esta entrega llegamos a la culminación del prólogo de "Así habló Zaratustra" de Nietzsche. Este relato, que tiene mucho de fábula oriental, se cierra de un modo parecido a como empezó, con el regreso del profeta persa a la naturaleza, después de su infructuoso intento de ir a la ciudad para enseñar a los hombres las verdades que ha ido descubriendo por sí mismo, ya que no le han sido "reveladas" por ningún ser divino. El sentido de la tierra, la muerte de Dios, el superhombre no implican sin embargo una desacralización del mundo; más bien todo lo contrario, ya que el resultado de las religiones institucionales monoteístas y sus derivados ideológicos secularizados ha sido precisamente borrar de la naturaleza y de la vida el sello de lo sagrado. En el Zaratustra se intuye un anhelo por recuperar el encantamiento del mundo, en un sentido similar al del paganismo preconizado por Alain de Benoist, ya que sitúa lo sagrado no fuera sino dentro del mundo, que se concibe como algo vivo y lleno de sentido.
Tras haber predicado a las masas sin resultado, Zaratustra descubre que necesita no obstante compañeros de viaje, que le entiendan y que le sigan, y es entonces cuando se reencuentra con sus dos animales simbólicos: el águila y la serpiente. Curiosamente esta síntesis de contrarios es algo parecida a la que aparece en el escudo de México, que representa la visión de la fundación de Tenochtitlan por los mexicas en un paraje en el que un águila devoraba a una serpiente sobre un nopal. Pero esta lucha entre opuestos cósmicos (el cielo y la tierra) se transforma en el Zaratustra de Nietzsche en una perfecta armonía e interdependencia entre el orgullo y la visión amplia representada por el águila y la sabiduría y el instinto terreno simbolizado por la serpiente.
¿CONTINUARÁ?







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