UN CÓMIC PARA TODOS Y PARA NADIE (4)
Y llegamos al momento álgido del prólogo del Zaratustra. Tras haber descrito al pueblo como será "el último hombre", aquello en lo que los humanos se han de convertir si no revierten su actual conformismo y apatía para dirigir sus anhelos hacia algo superior, se hace el silencio porque empieza la actuación del volatinero. Aquí hace su aparición un siniestro personaje, una especie de arlequín o bufón cuyo objetivo es burlarse del funambulista, para que pierda el equilibrio y hacerlo caer desde lo alto de la cuerda floja, lo que en efecto acaba sucediendo. Sobre la naturaleza bastante oscura del mito del arlequín, una especie de proyección de lo diabólico en el imaginario colectivo, remito a los interesados a una antigua entrada de mi blog:
Mientras está moribundo, Zaratustra intenta confortar al volatinero, asegurándole que no debe preocuparse por el más allá, porque no existen ni el diablo ni el infierno; y que no hay nada despreciable en haber fracasado y morir, porque él supo vivir peligrosamente, haciendo del riesgo su profesión. Los que anhelando algo superior acaban por hundirse en su trágico ocaso, esos son los grandes héroes del pensamiento nietzscheano.
Por último, Zaratustra carga con el cadáver del volatinero sobre sus propios hombros, para dar sepultura fuera de la ciudad al único compañero que ha conseguido reclutar tras su prédica en la plaza del mercado.






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