LOS DISCURSOS DE ZARATUSTRA (2)
Ofrecemos otro caramelito a nuestros seguidores habituales, que como los anteriores de la serie de Zaratustra no va a quedar de forma permanente en este blog, por lo que aconsejamos su lectura rápida, antes de que desaparezca. Esta vez hemos ilustrado un par de discursos de la primera parte del libro de Nietzsche, los que llevan por título "De la guerra y los guerreros" y "El árbol de la montaña". Ambos pueden estar relacionados de alguna forma entre sí, porque los dos giran entorno del tema del heroísmo, aunque en el primer caso se relaciona más bien con un combate exterior, emprendido quizás por esa vanguardia de compañeros filósofos a los que se refería en el prólogo, aunque también pudiera interpretarse, y lo ha sido con frecuencia, en un sentido más literal, como una celebración de la vida de milicia. En cualquier caso, el tono del discurso es de los más apasionados del autor de Zaratustra y contiene algunas frases memorables como esa de que la buena guerra es la que santifica toda causa.
El segundo discurso parece referirse, no obstante, a un combate interior, en el que el aspirante que quiere alcanzar las alturas de la sabiduría se hace cada vez más clarividente e introspectivo a medida que avanza, y acaba por descubrir los aspectos más oscuros del alma humana y de su propia alma, sus impulsos , miedos y deseos, y siente vértigo ante lo que ve. Recoge un pensamiento parecido al de otra frase de Nietzsche que dice que si se mira largo tiempo a un abismo, éste también termina mirando dentro de uno. El que quiere volar alto, autoafirmarse y crear valores nuevos tendrá que enfrentarse al rechazo de los demás, pero también tendrá que ser capaz de afrontar sus propios instintos reprimidos, sus perros salvajes, hasta llegar a aceptarlos e integrarlos. Para eso se necesita coraje y una aptitud heroica y combativa también.
En esta ocasión me he permitido varios cameos y citas, que espero que el lector sagaz sea capaz de reconocer. Uno, bastante evidente, aparece al final y consiste en atribuir al personaje del joven que entabla diálogo con Zaratustra los rasgos de un célebre escritor japonés, que reconoció haber recibido una gran influencia de Nietzsche, en particular de su libro "El nacimiento de la tragedia". Otro guiño corresponde a la gesticulación de Zaratustra mientras proclama su arenga guerrera, que puede recordar a algunas imágenes de cierto pintor austríaco. Y hay otras dos referentes pictóricos más, un par de autorretratos de cierto pintor alemán que marchó al frente de la Primera Guerra Mundial con un ejemplar del Zaratustra en el macuto (bueno, en realidad eso no tuvo nada de excepcional, habida cuenta que el Estado alemán distribuyó de forma masiva esta obra entre sus combatientes) y un cuadro de otro pintor noruego, autor de un célebre retrato de Nietzsche.
¿CONTINUARÁ?









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