¡PINTAN BASTOS!
Octubre es el mes revolucionario por excelencia, desde aquellos míticos tiempos en que los bolcheviques se apoderaron del Palacio de Invierno, organizando una orgía de campeonato con lo que pillaron en las nutridas bodegas del Buen Zar Nicolás y abusando colectivistamente de las defensoras del Primer Batallón de Mujeres de Petrogrado, que había dejado allí Kerénski a guardar el fuerte, mientras él se daba el piro.
Ahora mismo en Expaña tenemos las calles al rojo vivo, con gente a la que se ha convencido de acampar por doquier para protestar por la paupérrima situación de la vivienda, y con la convocatoria a la vista de unas improvisadas elecciones generales (la tan cacareada "fiesta de la democracia") y de una muy oportuna huelga general. Menudo panorama nos espera.
En Francia estamos viendo las barbas del vecino pelar, así que nos toca poner las nuestras a remojar. Sobre todo a la vista de que aquí a la masa pastueña de los votantes sus políticos la pastorean y la fanatizan que da un gusto, como lo estamos viendo en estos días, con procedimientos cada vez menos sutiles o elaborados. Apenas se curran ya los argumentos que sueltan a su clientela de retrasados mentales, a golpe de twitter y de tiktok; la coherencia entre lo que se dice/promete y lo que luego se hace brilla por su ausencia, "cabalgando entre contradicciones" como diría en una de sus frases más célebres el Chepudo de Galapagar; se ríen y hasta se orinan y defecan encima de las masas zombificadas, porque piensan que ya todo da lo mismo.
Nos han perdido el respeto, nos lo llevan perdiendo desde los tiempos de la Plandemia, sino desde antes; y además esperan que nos peleemos entre nosotros por defenderles a ellos, sus poltronas y sus nauseabundos intereses, egolátricos y crematísticos. ¿Seguirá el pueblo expañol ofreciendo ese triste espectáculo del duelo a garrotazos que pintara en su día el Genio de Fuendetodos, cual gresca gitana, "qué pena tan grande, madre, qué pena tan grande..."? ¿O habremos aprendido al fin la lección, y a fuerza de recibir ostiones como panes (como también se expresa el Chepudo con su verbosidad tan proverbial) nos habremos caído del guindo para constatar al fin que todo esto de la soberanía popular es una descomunal tomadura de pelo, una burda y grotesca manipulación, un espectáculo de marionetas manejado por los oligarcas habituales. Porque, al fin y al cabo ¿quién está detrás del PSOE, Sumar, Podemos y los grupillos llamados de izquierdas que han ido surgiendo? El jota, perdón, el geta de George Soros. ¿Y detrás del PP, Vox y sus adláteres? El otro jota, perdón geta, de David Hatchwell.
Así que un buen corte de mangas les dedica desde este blog Dagga Ramba a todos ellos, e incluso también a ti, oh distraído lector, si eres tan gaznápiro o majadero como para seguirles el juego todavía.
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