martes, 13 de mayo de 2014

VIAJE AL PAÍS DEL SUEÑO (en compañía de Almada Negreiros)

Detalle de "Río Lima" (azulejo de Ponte de Lima, que reproduce un tapiz de 1917 de Almada Negreiros, inspirado en la leyenda del Río Lethes)
Cruzar la frontera natural del Miño supone, en muchos casos, dejar en suspenso las coordenadas espacio-temporales a las que estamos acostumbrados habitualmente. En Portugal da la sensación de que el tiempo transcurre de otra manera, más allá del diferente huso horario que tienen en el país vecino. Siempre recordaré la primera vez que subí la empinada cuesta de Coimbra, un día a la hora de la siesta, y creí que los gatos eran los únicos moradores vivos de aquel fantasmagórico lugar. Y es que Portugal vive en un permanente estado de somnolencia o de hibernación, como se prefiera, del que tal vez despierte algún día, aunque la posibilidad de que eso llegue a ocurrir parece todavía muy remota.


 Una conocida leyenda se refiere a la llegada de las legiones romanas a las orillas del río Oblivio o Lethes , el actual Limia, que pasa por  la Galicia orensana y desemboca luego en Portugal. Dicen que el general  Décimo Junio Bruto las pasó canutas para convencer a su tropa, uno por uno, de que aquel no era el mítico "río del olvido", del que se creía que inducía un sueño profundo en los que osaban traspasarlo, para luego dejarlos amnésicos por completo . Algunos eruditos sostienen que el suceso tuvo lugar en Galicia y no en Portugal, pero para el caso es lo mismo. Algo extraño sucede, en efecto, cuando pisamos con nuestras plantas el territorio lusitano...

Estatua de Afonso Henriques, fundador del reino de Portugal


Portugal es, para mí, el país del sueño, no "el país de los sueños" como afirmaría algún cursi. Curioso es que los más acérrimos defensores del lusismo parecen desconocer bastante aquello que idolatran. Para empezar suelen ser izquierdistas  y ateos, nostálgicos de la "revolución de los claveles", un episodio que los portugueses pasaron como un sarampión, sin que dejara una huella importante en ellos. El pueblo allí sigue igual que siempre, conservador y devotamente católico, con un fervor que recuerda al de los campesinos de la Rusia ortodoxa del tiempo de los zares, sensación que se ve reforzada al contemplar las cúpulas bulbosas que adornan algunas de sus antiguas iglesias barrocas.

Tapiz de Pastrana del siglo XV (Palacio de los Duques de Braganza, Guimarâes)  que  narra las gestas de los lusos en tierras africanas


En el santuario de la Penha, cerca de Guimarâes ("aquí nació Portugal" anuncia un letrero, y en efecto se trata de la matriz del reino lusitano, un paraje con encanto aunque carezca del empaque wagneriano de Covadonga) hay una capilla dentro de una gruta, a Cova do Santo do Sono, dedicada a san Elías, el abogado del sueño. A él se encomiendan los portugueses para conciliar un sueño dulce, tranquilo y  profundo, para poder por fin siestear en paz, que buena falta les hace.


Capilla de san Elías, abogado del sueño


Porque el sueño portugués, al contrario de lo que afirma la leyenda, es un sueño amargo, triste, "saudoso"... comprensible si pensamos que un día Portugal llegó a ser el primer imperio europeo de la Edad Moderna, y fue también el último hasta no hace mucho, poco antes de la emancipación definitiva de Angola y Mozambique, cuando el doctor Oliveira Salazar se empeñaba en que los portugueses siguieran "orgullosamente solos" frente al mundo. Y las crisis y las desgracias han sido algo constante en Portugal, no se trata de un fenómeno circunscrito al reciente "rescate" del Banco Central Europeo o a los recortes y estrecheces que tienen que padecer los portugueses por su incorporación a la UE (¿alguien está contento en la dichosa unión, aparte de los alemanes, belgas y luxemburgueses?). Desde la desaparición del rey Sebastiâo, el desgraciado terremoto de Lisboa de 1755 y la pérdida del imperio colonial, una sombra de pesadumbre y melancolía envuelve a los portugueses, eso que ellos llaman la "saudade"("Bem que se padeçe e mal que se gosta", que decía Manuel de Melo).

Diversos aspectos de la zona antigua de Oporto, a la orilla del río Douro











El popular fado, la expresión musical  del alma portuguesa por excelencia,  es un compendio sinnúmero de tristezas y melancolías, algunas de naturaleza nostálgica ("no volverá Lisboa antigua y señorial" como reza uno de los más famosos) y otras fruto de una visión pesimista de la existencia. Los lugares donde los lisboetas se reunen para escuchar los fados son conocidos como "las casas de llorar". El propio nombre de "fado" hace alusión a la desgracia, al fatalismo.


Retrato de Fernando Pessoa por Almada Negreiros (1954)

Si echamos un vistazo a la literatura portuguesa, y a la producción intelectual en general del país vecino, la amargura rebosa por todos los poros, al calor de la decadencia y de sujetos algo avinagrados cuyo más ilustre representante sería en los últimos tiempos el ya finado  José Saramago. Pero la lista de poetas suicidas, necrófilos o simplemente hipocondríacos nacidos en la Lusitania es enorme y sorprendente, para tratarse de un país meridional (de nuevo recordamos aquí la brumas siberianas): Manuel Larranjeira (quien afirmaba que "en Portugal, la única creencia aun digna de respeto es la muerte"), Antero de Quental, Mario Saa Carneiro, Teixeira de Pascoaes (el fundador del Saudosismo) y, cómo no, Fernando Pessoa, destilador de angustias como su célebre "Livro do desassossego", y al que  su amigo el polifacético artista Almada de Negreiros pintó como un oscuro funcionario en su escritorio, donde descansa un ejemplar de la revista "Orpheu" en la que ambos colaboraron.




Tal vez  Oporto sea la ciudad que encarna por encima de cualquier otra la decadencia portuguesa, con sus barriadas descolgándose sobre el río Douro, y donde no faltan ni siquiera las "góndolas" venecianas (los rabelos utilizados para transportar los toneles de vino hasta las bodegas de Vila Nova de Gaia, que antaño usufructuaban los comerciantes ingleses). En Oporto, como en la mayoría de las ciudades lusas, uno puede encontrar la cochambre entreverada con un rico patrimonio histórico y cultural, impecablemente conservado (mucho mejor que en España, por cierto) , como la extraordinaria Librería Lello e Irmao, de estilo neogótico, que tal vez sea la librería más bella del mundo y "uma das mais lindas de Portugal".


Fachada de la Librería Lello e Irmao, fundada en 1906


Interior de la librería: escalinata y vidrieras








Actualización de agosto de 2016: Cuando escribí este artículo desconocía la existencia de João Pestanha, un personaje mítico del folklore portugués y que, como el Sandman anglosajón al que se parece bastante, es responsable de que los niños tengan sueños al esparcirles sobre los ojos arena mágica mientras duermen. La raíz celta de esta  leyenda parece incuestionable, y ejemplos podemos encontrar  en la literatura como el que nos suministra nuestro admirado Lord Dunsany. Más recientemente, unos científicos de nuestro país vecino dicen que han logrado identificar la proteína responsable del sueño, y la han bautizado con el significativo nombre de Sandaman.
O sea, que por lo visto no andaba muy desencaminado cuando escribí sobre este asunto...

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